viernes, 15 de enero de 2016

# 4 # 5 # 6 y # 7

Capitulo 4:

_____ sacaba ropa y más ropa de su valija, y con sumo cuidado la ordenaba en su nuevo placard. Se sentía realmente contenta de haber aceptado acompañar a su padre al campo. No pensó que le iba a hacer tan bien. Matt entró algo agitado a la habitación. Ella lo miró extrañada.
—Al parecer hay problemas por allí —le contó y volvió a salir al balcón.
______ frunció el ceño y dejó las cosas para salir también. A lo lejos observó las caballerizas. Sonrió al recordar aquel lugar. Luego iría a darle un vistazo. 
Entonces divisó a Simone caminando con un muchacho castaño que venía acompañado de un señor que lo llevaba casi colgado. Al parecer estaba herido o algo así.
—¿Habrá pasado algo malo? —preguntó ella. Matt se encogió de hombros.
—No lo sé —dijo él —Pero allá va tu padre en un caballo.
_____ miró en la dirección que su amigo le había indicado. Y si, aquel hombre era su padre montado en un caballo. Al lado de él había otro hombre. No podía distinguirlo bien ya que se estaba alejando a toda velocidad. 
—¿Qué habrá pasado? —preguntó ella.
—Podemos bajar a preguntarle a Simone —dijo Matt contento e ingresó de nuevo a la habitación. 
______ se quedó unos segundo más, observando como su padre y aquel hombre se perdían en el horizonte. Por lo que sabía en aquella dirección quedaba la estancia de los Montoya. Tuvo que haber pasado algo malo para que su padre se fuera sin decirle nada. Soltó un suspiro y entró. Mattie ya estaba parado en la puerta.
—¿Qué te sucede? —dijo ella divertida.
—Vamos, beauty, necesito saber que pasó —dijo él.
—Eres tan… chismoso. 
Salieron de la habitación y podría decirse que Matt casi la hace correr por el pasillo hasta llegar a las escaleras. Bajaron a las risas, pareciendo dos niños más que dos personas grandes. Corrieron una carrera hasta la cocina y entraron rápidamente. Se detuvieron al verlos a allí. Simone los miró algo sorprendida. Y ______ posó su mirada en el chico castaño.
—¿Qué pasó, Simonita? —preguntó Matt mientras se acercaba un poco más a la mesada.
—Nada, muchachos, tranquilos —les dijo ella. _____ seguía mirando al chico castaño. Este también la miraba fijamente.
—¿Niña _______? —inquirió él. 
Ella levantó la cabeza para encontrarse con el hombre de cabellos casi blancos. Lo observó bien, tratando de reconocerlo. Hasta lo que lo hizo.
—¿Pedro? —preguntó sin poder creerlo. 
El viejo se quitó el sombrero y la miró como si ella fuera de mentira. ______ se acercó sin dudarlo a él y lo abrazó. Aquel hombre era como un abuelo para ella. Cuando era pequeña él era siempre el que le contaba las mejores historias de hadas y duendes que habitaban por allí. Era como si de a poco su niñez la envolviera. El anciano le devolvió el gesto con algo de inseguridad, pero al final la abrazó. 
Luego de unos segundos ella se alejó para mirarlo a la cara. El hombre tenía varias lágrimas en los ojos.
—Pensamos que se había olvidado de nosotros, niña —le dijo él.
—¿Olvidarme? —inquirió —¿Estás loco, Pedro? ¿Cómo iba a olvidarme yo de mi abuelito de campo?
—Estás más bonita de lo que recuerdo, mi niña —le dijo con ternura. 
_____ sonrió algo emocionada y giró para mirar a su amigo.
—Mattie, él es Pedro… es el peón más antiguo de estos campos. Es como… el guardián. 
El castaño se acercó a Pedro y le tendió la mano.
—Mucho gusto, señor. Soy el mejor amigo de ______… casi como hermanos.
—El gusto es mío, joven —dijo Pedro.
_______ se acercó de nuevo a Simone que estaba muy concentrada limpiando la herida del chico castaño.
—¿Y quién es él? —le preguntó. Georg la miró. 
Él creía saber quien era esa chica… o eso creía. Una vez, hacía bastante tiempo, había encontrado una foto de ella, cuando era más niña, en la habitación de Tom. El pelinegro casi lo había asesinado por andar revisando sus cosas y luego había guardado la foto en algún lugar que él no supo encontrar más.
—Él es Georg, mi sobrino —dijo Simone. _____ le sonrió y le tendió la mano.
—Mucho gusto Georg, soy _____.
—_____ es la hija del señor Brooks —le aclaró su tía.
Algo inseguro Georg tomó la mano de ______. Ella le sonrió levemente. 
—Es un placer conocerla, señorita —habló algo tímido. 
—Ya —dijo Matt mirando a todos alternativamente —¿Alguien va a decirnos que pasó? Porque no por nada ese muchacho tiene una herida en el brazo y no por nada Jhoni se fue en caballo a toda velocidad no sé a donde.
Simone sonrió divertida y sin querer le apretó un poco el brazo a Georg. Este se quejó y la miró mal.
—No me mires así, jovencito —lo retó. Él dejó de mirarla —Hubo un pequeño problema con los hijos de Montoya…
—¿Con Alejandro y Federico? —inquirió ______.
—Si, con esos mismos —asintió Simone.
—Aaagh —resopló _____ —Siempre me cayeron mal esos dos. Cuando yo era niña no hacían nada más que molestarme…
—Te digo que no han cambiado mucho —le aseguró Pedro —Siguen siendo los mismos inútiles de siempre. Con la diferencia de que ahora se creen los dueños y señores.
—¿Y cuál fue el problema? —quiso saber ella. 
—Georg está enamorado de Lola…
—¡Tía! —exclamó él sin poder creerlo. 
Ella lo miró divertida. 
—¿Qué? —le preguntó —Solo les estoy contando como son las cosas. 
______ se sentó al lado de simone para mirar a Georg.
—¿Estás enamorado de la pequeña Lola? No la recuerdo mucho porque su padre no la dejaba salir a jugar cuando era una niña.
—Emmm, yo no lo sé. A decir verdad… ella es linda, pero no porque su padre y… aaagh, no lo sé.
—Aaaw —Matt también se acercó para sentarse al lado de ______ —Me muero muerto, una historia de amor como en las novelas. 
Georg se puso de todos los colores y Simone soltó una estrepitosa carcajada.
—Como les estaba diciendo… Georg está enamorado de Lola y al parecer ella también lo está de él. Cosa que puso como loco a Robert, desde que lo supo no la ha dejado salir ni por asomo. La pobre ha estado escapándose a cada rato de su casa. Por eso mismo han mandado a construir esa nueva valla.
—Maldito loco —murmuró ______ —Pobre niña, debe ser horrible tener un padre así.
—Si —musitó Georg —Lo odio. 
—Y al parecer Georg se acercó a sus tierras… y los Montoya salieron a los tiros. Agradezco a dios que solo la bala lo haya rozado.
—Y por eso su padre ha decidido ir a hablar con el señor Montoya. Está situación no puede seguir así —agregó Pedro. ______ volvió la mirada a Georg. 
—¿Cuántos años tienes? —le preguntó.
—19 —contestó él algo extrañado.
—Pareces más pequeño —aseguró. Él la miró con el ceño fruncido.
—Tú pareces más pequeña…
—Georg —lo retó Simone. 
_____ rió por lo bajo.
—¿Por qué lo retas, Simone? —preguntó Matt —El muchacho tiene razón. ______ tiene 22, pero parece apenas una niña de 15.
—Cállate —le dijo ella —Que sea bajita no significa que parezca de 15.
—En realidad si —asintió Simone. 
Todos rieron en la cocina y Simone terminó de curar bien a Georg. Lo mandó a acostarse y descansar, ya que había perdido bastante sangre. Matt se disculpó y se retiró a su habitación para dormir un poco antes de que la cena estuviera lista. Pedro salió para mandar a los demás peones a sus casas. El día ya había terminado. 
______ se quedó con Simone en la cocina, ayudándola con la comida. Luego de unos cuantos minutos decidió salir a tomar un poco de aire. 
—Ten cuidado, niña. Mira que por aquí hay muchos mosquitos —le advirtió Simone. 
_______ le sonrió. 
—Solo iré a ver a los caballos… tendré cuidado.

Capitulo 5:

Tom y Jhon volvían de la charla con Robert, completamente en silencio. La charla no había sido buena. Y Tom temía que si la cosa seguía así de tensa, habría más enfrentamientos y tiros que nunca. 
—Tendré que tomar otras medidas con respecto a Montoya —habló Jhon al fin.
—Tranquilo, señor —lo calmó —Todo va a estar bien. Solo tenemos que aprender a manejar un poco más la situación.
—No puedes prohibirle a Georg ver a Lola…
—No tenía pensado hacer eso. Ellos dos son libres de hacer lo que quieran. Y si necesitan apoyo… no estarán solos. Pero me preocupa lo que Montoya pueda llegar a hacer.
—Robert lo va a entender tarde o temprano, hijo.
—Eso espero —susurró el castaño.
Cabalgaron hasta detenerse frente a la casa grande. Jhon se bajó con cuidado y se giró a verlo. 
—Quiero que hoy cenes con nosotros —le dijo. Tom frunció el ceño. Seguro que se estaba refiriendo a él y a la pareja.
—¿Le parece, señor? —inquirió.
—Si… quizás te lleves una gran sorpresa. 
—Está bien —asintió.
Jhon entró a la casa. Tom soltó un lento suspiro y miró hacia el cielo. La noche estaba completamente despejada. Aquel manto de estrellas era un espectáculo. ¿Cuántas veces se había tirado a intentar contarlas? Miles… ¿Lo había conseguido? Nunca. Infinito el universo sobre su cabeza, lo llenaba de una cierta alegría. A veces él mismo se sentía infinito. Jamás llegaba a conocerse del todo. Siempre le aparecía una faceta nueva, un sentimiento nuevo, un miedo nuevo, una pasión, una necesidad. 
No puedo evitar pensar en la nota que había encontrado casualmente en el pequeño valle. Sonrió levemente y cerró los ojos para recordarla. Jamás había conocido otra niña con una sonrisa tan bonita como la de ella. Jamás le había gustado, siendo un niño, tomar de la mano tanto a una niña como a ella. 
Y de repente aquel día en el que ella se marchó entró a su cabeza. Aquel sentimiento que lo había invadido jamás volvió a sentirlo. Se había sentido totalmente desolado, angustiado, perdido. Era como si ese día le hubiesen arrancado un pedazo de corazón, así sin más. Y recordó sus lágrimas, recordó el dolor en su mirada chocolate… ella no quería irse. Entonces, ¿Por qué no volvió? Un año después de su partida él la había estado esperando… pero jamás llegó. Tampoco le escribió como lo había prometido, tampoco lo llamó. Quizás ella si se olvidó de él. Sonrió con amargura, era completamente ilógico que él todavía pensara en ella… lo más ilógico era que todo el día había estado así. Jamás se le había ocurrido preguntarle a Jhon que había sido de la vida de ________ Brooks. Lo poco que sabía era gracias a su madre, y tampoco era demasiado. En los últimos años ella ni se le había asomado por la cabeza, pero al parecer hoy estaba completamente incrustada en su mente.
Se bajó del caballo y se quitó el sombrero. Se secó el sudor de la frente y se observó a si mismo. Estaba hecho un desastre. Tendría que ir a arreglarse si se jefe quería que cenara con él esta noche. Y tendría que fijarse que ropa adecuada para una cena iba a ponerse. Lo único que él solía utilizar eran camisas que terminaron como musculosa, vaqueros buenos para cabalgar y sus siempre cómodos borcegos. Tal vez iba ir así vestido a cenar… no iba a hacerse mucho problema.
Entró a la cocina sobresaltando un poco a su madre. Está se giró a verlo rápidamente con la mano sobre el pecho.
—Me asustaste —le dijo exaltada.
—Lo siento —sonrió él —No fue mi intención.
Ella respiró con más tranquilidad y se acercó a él.
—¿Cómo les fue con Montoya? —quiso saber. 
Tom dejó el sombrero sobre la mesa y se sentó en una de las sillas.
—No muy bien —se lamentó —Está demasiado enojado con Georg. Y Lola no ayuda mucho escapándose a cada rato.
—Pobre niña, Tom —dijo ella —Hay que entenderla. A nadie le gustaría estar presa en su propia casa. Creo que Montoya necesita unas buenas clases de actualidad. 
—Yo también lo creo, ma´ —dijo divertido —¿Cómo está Georg?
—Bien —sonrió ella —Gracias a dios solo fue un simple raspón… ahora está durmiendo. 
—Ese chiquillo un día va a darnos un gran susto —aseguró y se rascó la nuca.
Pero entonces percibió algo… la cadenita no estaba allí. Apresurado se puso de pie y se alejó la musculosa del pecho para cerciorarse. Y si, no estaba. Maldijo por lo bajo.
—¿Qué pasó? —preguntó Simone.
—Tengo… tengo que ir a guardar a los caballos —dijo lo primero que se le vino a la mente. No podía decirle a su madre que había perdido de nuevo la cadenita.
—¿No vas a cenar? —inquirió. Él caminó hacia la puerta y la miró.
—El señor Jhon me invitó a cenar con él… así que voy a guardar los caballos, vengo a ducharme y ceno con él —le dijo. Tom abrió la puerta.
—Hijo, espera… —él, de nuevo, pareció no escucharla —¡La hija del señor Brooks está aquí, en el campo! —gritó para ver si él regresaba. Pero no, no volvió. 
Había algo que no quería que Tom se enterara de que ella estaba de nuevo allí. Era la segunda vez que quiso decírselo, pero siempre pasaba algo… Se encogió de hombros y volvió a prestarle atención a la cena. Tal vez era mejor que se encontraran ellos mismos.
Tom caminaba a paso rápido sin saber bien a donde. No sabía bien en dónde comenzar a buscar su cadenita. Hoy había estado en todos lados. ¿Y si se le había caído en el pequeño valle? ¿Y si se le había caído en la casa de los Montoya? Mierrrda, si la encontraba iba a pegársela al cuello para que no se le cayera nunca más. Entonces se dirigió hacia las caballerizas… tal vez tenía suerte y la encontraba allí. Dios quiera que si.

_______ entró con cuidado. Aquel suave olor a alfalfa y animal le entró rápidamente por la nariz. Escuchó los sonidos de los caballos y miró a los que estaban allí guardados. Sonrió abiertamente… hacía tanto que no se subía a uno. Comenzó a caminar.
Se maldijo a si misma por haber salido con zapatos de tacón, y maldijo a Matt por casi obligarla a hacerlo. Según él, una mujer tenía que estar hermosa y con zapatos hasta para ir al baño. Suspiró y siguió caminando. Bajo sus pies la textura del suelo cambió, y miró por qué. Comenzaba a caminar sobre paja. Sonrió y volvió a mirar a su alrededor. ¿Cuántas cosas había vivido ella en ese lugar? Miles. Pero principalmente… su primer beso. Se mordió el labio inferior y siguió mirando. ¿Dónde estaría él? ¿Seguiría por aquellos campos? Se había olvidado completamente de preguntarle a Simone sobre su hijo. Él había sido muy importante para ella cuando era una niña. Su primer amor. Su primer dolor… 
Tropezó con algo y cayó al suelo. Gracias a dios su caída no fue brusca, ya que la paja la amortiguó. Se sentó y se quitó los molestos zapatos. Y entonces escuchó que alguien entraba. Se quedó quieta y con sumo cuidado comenzó a arrastrarse hacia un rincón. No quería encontrarse con alguien desconocido estando sola. Quizás podrían pensar que ella era un ladrón o algo por el estilo. Llegó a un buen escondite y se quedó allí. 
—¿Y ahora por donde mierrda voy a empezar a buscar? —escuchó que una voz masculina decía. Apretó los labios y se propuso salir de allí antes de que la viera. 
Se inclinó y comenzó a moverse como si de un perro se tratara, mirando bien a su alrededor, fijándose si alguien la descubría.
Sintió una rara emoción, adrenalina. Ella no podía estar ocultándose como si fuera una extraña en sus propias tierras. Pero a decir verdad si lo era. Después de 10 años era una completa extraña para aquel lugar. 
Fijó la mirada al frente y divisó algo que brillaba en medio de la paja. Puso la cabeza de costado y frunció el ceño. Sin poder evitarlo comenzó a acercarse hacia aquella cosa. Su mirada estaba fija en ello, sin prestar ni la más mínima atención a nada de lo que estaba a su alrededor. Entonces llegó al fin y lo observó bien. Era una pequeña cadenita que llevaba de colgante un caballo en su estado salvaje. Frunció más el ceño. Ella conocía esa cadenita, ella… ella la había comprado y se la había regalado a él. 
Comenzó a estirar la mano para levantarla, pero entonces una mano más grande apareció frente a sus ojos y la tomó. 
Al instante levantó la mirada y el aire se le quedó atrapado en los pulmones. Aquella mirada cafe también enfrentó la suya. Él estaba agachado, en la misma posición que ella. El corazón de _______ comenzó a latir con fuerza. No estaba muy segura pero lo reconocía. Si… era él. Su amor de pequeña. Tom Kaulitz. Allí estaba mirándola como si ella fuera una especie de fantasma. Se había puesto algo pálido y al parecer ni respiraba.
Ella comenzó a incorporarse, él también lo hizo. Ambos se quedaron parados como estatuas, mirándose fijamente a los ojos. 
—¿Tom? —inquirió al fin. El pelinegro parpadeó atónito. 
—________ —murmuró sin poder creerlo.

Capitulo 6:

Era como volver al pasado. Estar parado frente a ella era como tener 13 años de nuevo. Su corazón palpitó con fuerza. ¿Cómo podía ser posible? La había pensado todo el día y ahora ella estaba allí, mirándolo fijamente. Aquellos ojos profundos lo miraban con la misma sorpresa que él sentía. Recordó todo… una y cada una de las tardes que había pasado con ella vinieron a él. Y sintió una presión en medio del pecho. Quiso darse vuelta y salir de allí. No entendía bien por qué. Sacudió un poco la cabeza. Estaba confundido. Tal vez todo era un simple sueño y en cualquier momento iba a despertarse y ella no iba estar. De alguna manera tenía que comprobar que aquello era real. Dio un paso hacia ella. 
_______ estaba totalmente consternada por la presencia del pelinegro. Se sentía una niña de nuevo, parada frente a aquel príncipe que ella había querido tanto. Su corazón latía rápido. Nada quedaba del Tom que ella tenía en la mente. Ahora era todo un hombre. Bonito hombre. La garganta se le secó. Más viendo la manera en la que él la estaba mirando. Aquellos ojos cafeces que ella tanto había amado la miraban como si ella fuera un espejismo. Se notaba que estaba confundido. 
Tom levantó una mano y sin dudarlo tocó su mejilla. _____ dejó de respirar al sentir aquella gran mano contra su piel, y pestañeó seguidamente. El aroma masculino entró por la nariz… llenándole el cuerpo de una extraña sensación. Tom olía a hombre, a sol y campo. Aroma suave y delicioso. Se estremeció. 
Él frunció el ceño y movió el pulgar contra su suave piel, acariciándola. No se iba, el tacto era muy real. Su piel era sedosa y estaba algo fría, a comparación de su mano. 
________ no pudo evitarlo y sonrió. Él tenía una mueca muy graciosa, parecía estar pensando demasiado. Su cuerpo tembló cuando él volvió a repetir el movimiento de su pulgar. ¿Cómo podía algo tan insignificante como una caricia hacerla sentir tan… tonta? ¿Cuándo había sido la última vez que un hombre la había acariciado de esa manera tan inocente? Como queriendo conocer, recordar. 
Entonces ella también levantó la mano y tocó su rostro. Su palma cosquilleó ante la sensación de la piel masculina, algo rasposa. El levantó ambas cejas en un chistoso gesto de asombro. 
—Hola, Tom —habló al fin. 
Tom estaba anonadado. Se sentía un completo idiota. El corazón le latía demasiado rápido para ser normal. Un nudo se le formó en la garganta.
—Hola… —logró decirle.
_______ sonrió aun más, mostrándole todos sus dientes. Él se sintió contagiado por esa hermosa sonrisa que pensó que había olvidado. Pero ahora que ella volvía a sonreírle de aquella manera… se dio cuenta de que era imposible de olvidar. 
—¡Aquí están! —exclamó ella.
Ambos giraron la cabeza para mirarla. Toda la magia se perdió. Se alejaron rápidamente, totalmente avergonzados. Simone arqueó una ceja, y luego sonrió por lo bajo. Tom la fulminó con la mirada.
—¿Qué se te ofrece, madre? —le preguntó. Ella se aguantó la risa. Ambos estaban rojos como tomates. Como si ella los hubiese encontrado haciendo algo muy malo. 
—Solo buscaba a la niña _____ —le dijo y la miró —Tu padre quiere verte… dice que tiene algo que mostrarte o algo así. 
—Oh —musitó ella —Gracias, Simone.
Miró a Tom. Y le sonrió levemente. Él quiso decirle algo pero las palabras no salieron de su boca. Estaba tan sorprendido de que estuviera allí de nuevo. Jamás pensó que volvería a verla.
—Es gusto volver a verte, Tom…
—Igualmente, señorita. 
Ella apretó los labios y caminó hacia la salida. Se giró a verlo una vez más y sin decir nada desapareció. El pelinegro se quedó quieto mirando por donde acaba de salir la morena. 
—Creo que metí la pata —dijo Simone divertida.
Tom seguía con la mirada fija en la salida. 
—No puede creer que esté aquí —murmuró.
—Intenté decírtelo un millón de veces —exageró —Pero siempre te ibas corriendo sin terminar de escucharme —él siguió con la mirada fija en aquel lugar. Todavía no lo entendía… ¿Por qué estaba de nuevo después de tanto tiempo? —Ya, Tom… quita esa cara de bobo.
—Ay, que graciosa eres, Simone —dijo con sarcasmo. 
Caminó hasta su madre para empujarla levemente y que caminara hacia la casa. Tenía pensado llegar, arreglarse e ir a cenar como su jefe se lo había pedido. Tenía que averiguar por qué ella había decidido volver... y quién demonios era el tal Matt.


Capitulo 7:

Salió de su despacho y miró a su alrededor para percatarse de que nadie lo veía. Se sentía como un tonto adolescente de 15 años… escondiéndose para no ser descubierto por sus padres. Volvió a observar por el pasillo. Soltó un suspiro. Al parecer todos estaban ocupados y él podría ir a verla sin ser interrumpido.
Desde que había llegado quiso estar a solas con ella. Pero si no era una cosa, era otra. Y jamás lo lograba. Tenía ganas de ver aquellos ojos cafeces que amaba en secreto desde hacía tanto tiempo. Sin dudarlo entró a la cocina, haciendo un poco de ruido.
Ella se sobresaltó y se giró a verlo con el corazón en la boca. Se sintió algo aliviada al saber que era él. Aunque de repente se sintió nerviosa. No quería estar a solas con Jhon Brooks. Carraspeó su garganta y volvió a mirar de nuevo al agua que comenzaba a hervir. Jhon se acercó un poco.
—¿Qué estás cocinando? —le preguntó y respiró profundamente para encontrarse con el inconfundible aroma al romero. 
—Pastas —contestó ella simplemente.
—Mmm… mis favoritas. 
Ella lo miró de reojo y su corazón dio un vuelco. ¿Por qué… por qué le seguía pasando aquello? Era como que no podía superarlo. Lo había amado siendo una niña y lo seguía amando siendo una adulta. Ellos dos se conocían desde que su padre había sido contratado para ser peón de aquellas tierras. Jhon tenía 15 años y ella 13… se habían amado tanto. Pero luego el se fue. Y después de unos años volvió casado. Ella también había hecho su vida. A veces se reprochaba por no haberse jugado por su verdadero amor. 
—Lo sé —le dijo luego de unos segundos. 
Jhon se quedó quieto, observándola. Quería decirle algo, pero no sabía que. Tenía aquella estúpida sensación en el pecho. Se preguntaba a si mismo, qué era lo que le impedía confesarle que la seguía amando. Su esposa había muerto cuando ________ apenas era un bebé. Y Simone se había separado del padre de Tom hacía muchos años.
—Simone…
—¿Qué? —preguntó ella.
—¿Crees que aun estamos a tiempo?
Ella se giró a verlo como si hubiese dicho algo sumamente malo. Sus ojos estaban bien abiertos y había dejado caer el repasador sobre la mesada. 
—¿Qué? —murmuró.
—¿No lo crees?
—Yo…
Él dio un paso hacia ella. Se limitó a observarla fijamente. 
—Voy a quedarme a vivir aquí —los ojos de ella se abrieron aun más —Y creo que voy a necesitar una… buena mujer para que me acompañe en la habitación grande.
Sus mejillas se tiñeron de un rojo casi intenso. 
—Jhon —chilló avergonzada. Él rió por lo bajo. 
—Cásate conmigo, Simone —ella sintió que iba a desmayarse —Fui un cobarde hace 30 años atrás… por no pelear por ti. 
—Éramos joven, Jhon —musitó ella y dejó de mirarlo. 
No podía mirarlo. Le dolía hacerlo. Le dolía recordar la manera en la que ella lo había esperado tontamente… y luego lo había visto llegar de la mano con una hermosa joven de cuidad. 
—Era un idiota —murmuró él —Y lamento haberte hecho sufrir. Lamento… lamento todo lo que pasó. 
—Ya no más —le pidió ella y se aguantó las ganas de llorar. Ya no era una niña, no iba a llorar delante de su dolor. Se armó de valor para mirarlo —La cena ya está lista, señor. Voy a avisarles a los muchachos…
Salió de allí dejándolo con el corazón acelerado. Jhon suspiró. Le iba a costar mucho trabajo hacerle entender a esa mujer que aun la amaba… más que a nada en ese mundo. 

_______ bajaba las escaleras con Matt al lado. Este le hablaba de algo sobre moda, pero ella no lograba prestarle demasiada atención. Desde que había vuelto de las caballerizas, le había costado horrores concentrarse. Aun le temblaban las piernas. No podía entender como aquel hombre podía ser Tom… 
—¿Por qué no me estás escuchando, Sweetness? —le dijo él mientras chasqueaba los dedos delante de su rostro. _______ sacudió la cabeza.
—¿Qué? —le preguntó. Mattie frunció el ceño.
—Estás más bolida de lo normal… dime, ¿Qué te sucede? —quiso saber. 
_____ se tensó. Era increíble que alguien la conociera tanto. Matt podía darse cuenta de sus estados de ánimos en un abrir y cerrar de ojos. Eso a veces la aterraba. 
—No me pasa nada, Mattie —dijo tratando de sonar muy convincente. Matt la miró entrecerrando los ojos, pero no le dijo nada. 
Llegaron hasta la sala principal. Simone había subido a avisarles que la cena estaba lista y que ya podían ir a sentarse. _______ la había notado algo rara. Pero lo dejó pasar.
Mattie observó encantado aquel lugar. Amaba como estaba decorado y sin duda Simone tenía una excelente mano para aquellas cosas. Se sentaron un al lado del otro. 
_______ observó bien la mesa. Habían tres platos más aparte de los de ellos dos. Se preguntó quienes irían a cenar con ellos además de Jhon. 
Una de las puertas se abrió y Jhon entró por allí. Les sonrió a ambos y luego se sentó en la cabecera. 
—¿Ya se acomodaron? —les preguntó.
—Si, Jhoni —dijo Matt —Me gusta mucho mi cuarto… es bastante amplio y tiene una maravillosa vista desde el balcón.
—Me alegro, Matt —dijo contento. 
—Papi —lo llamó ella. Jhon estiró su mano y acarició su mejilla.
—¿Qué, cariño? —inquirió.
—¿Quiénes van a cenar con nosotros? —le preguntó. 
—Simone y Tom —contestó él.
Y después de eso la puerta de la cocina se volvió a abrir y a ______ casi se le sale el corazón del cuerpo. Allí entraba él, ayudando a su madre con un par de bandejas. Tenía el cabello algo húmedo, dejando todas sus trenzas perfectamente armadas. Llevaba puesta una camisa color celeste y unos vaqueros de jean. Por poco y se le hizo imposible respirar.
Tom levantó un poco la vista y se encontró con la de ella. Intentó sonreír pero nada salió de él. Todavía no entendía por qué… por qué no podía reaccionar ante ella. Pero entonces su mirada se posó en el hombre que estaba sentado al lado de ella. Sintió una pequeña presión en la boca del estomago. 
—Apoya eso ahí, Tom —le dijo su madre, sacándolo de sus pensamientos.
Con cuidado puso la bandeja en medio de la mesa. Jhon se puso de pie y les indicó que se sentaran. Para su dicha y no tanta dicha Tom quedó justo frente a ella. 
—Bueno… déjenme presentarlos —dijo Jhon —Matt, él es Tom Kaulitz… mi mejor hombre en estás tierras.
—¿Qué tal, guapetón? —dijo el rubio. ______ se giró a verlo rápidamente.
—Mattie —le dijo apretando los dientes.
—¿Qué? —inquirió él. Tom lo miró extrañado. Jhon rió por lo bajo. Aquello si que iba a ser divertido. 
—Tom, él es Mattie, el mejor amigo de _______ . 
Y el volvió la vista a ______. No estaba seguro de aquello. Podría ser que él fuera su pareja y ellos no quisieran decirlo. Pero a decir verdad aquel hombre era demasiado raro. ¿Guapetón? Nadie jamás lo había llamado así.
Ella percibió algo en su mirada, no estaba segura de qué, pero quería averiguarlo.
—Bien… ¿vamos a cenar? —dijo Simone.
—Por favor —pidió Jhon sonriéndole tiernamente —Muero de hambre.
Simone comenzó a servir. Pero ______ y Harry no podían dejar de mirarse. Era como si estuvieran completamente atrapados el uno en el otro. Había tantas cosas para decirse, pero no encontraban la manera de enfrentarse.
Tom quería ponerse de pie y llenarla de preguntas. Quería saber por qué se había olvidado de todo aquello. De él, del campo, de White…
_______ quería ponerse de pie y pedirle perdón. Pedirle perdón por haberse olvidado de todo eso que ella había amado tanto. De él, del campo… de su caballo blanco.
—Oye darling, ¿Por qué no deja de mirarte así? —le murmuró Matt acercándose un poco a su oído.
—Cállate —le dijo ella sin dejar de mirar a Tom.
Ya sabía ella que tendría que sentarse a hablar largamente con aquel hombre. Pero lo que no sabía era que tal vez iba a volver a enamorarse en el intento.



HOLA!! AQUI ESTAN LOS NUEVOS CAPS ... YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO PRONTO HASTA PRONTO Y GRACIAS POR LEER :))

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