Capitulo
16:
_____
se acostó pesadamente en su cama luego de haber salido de la ducha. Matt se
acostó a su lado en el más completo silencio. Ella se veía enojada, molesta,
enojada de nuevo. Y desde que habían salido de la cocina no le había dicho ni
una sola palabra.
—¿Vas
a decirme que te sucede, darling? —inquirió.
—No
me pasa nada —musitó ella.
En
realidad ni ella misma sabía que le pasaba. Pero a decir verdad tenía muchas
ganas de golpear a alguien… a alguien llamada Felicity. Sacudió la cabeza. Eso
era completamente absurdo.
—Es
porque el Bombón Campestre tiene novia, ¿cierto? —preguntó con suma delicadeza.
No quería alterar la delicada línea de paz de _____.
—¡Ppffff!
—escupió ella —¡Ja! ¿Por qué debería estar así por eso?
Matt
no pudo aguantarse la risa, pero trató. Había tanto sarcasmo en las palabras de
su mejor amiga.
—No
lo sé —prosiguió él —Quizás estás un poquitín celosa.
—¿Celosa?
—inquirió y se echó a reír —Ay, Mattie, no estoy celosa de esa… de esa campesina
desubicada.
—¿Campesina
desubicada? —inquirió divertido —¿Desde cuando utilizas la palabra CAMPESINA
para insultar a alguien?
—Bueno
—ella se sonrojó un poco —En realidad no quise decir eso… pero si lo de
desubicada. ¿Quién se cree que es para entrar así a mi casa?
—¿La
novia del cuidador de este campo y casa? —inquirió con algo de duda. Ella lo
miró molesta.
—Eso
no le da derecho a entrar como si estuviera pancha por su casa.
—Es
una muchacha bonita.
—Seeee,
claro —murmuró entre dientes —Se nota a leguas que es teñida…
—¿Y?
—quiso saber él.
—¡Y
nada, Matt, nada! —chilló molesta y escondió el rostro en la almohada.
Mattie
se puso boca a bajo y se apoyó sobre sus brazos para observarla realmente
divertido. Era genial verla celosa… jamás la había visto de esa manera.
—Vamos,
_______, admite que estás muy celosa de que el Papitaso tengo una novia tan
linda...
Ella
sacó el rostro de la almohada y lo miró.
—No,
no estoy celosa… No tengo por qué estarlo. Tom puede tener 1 millón de novias
si tiene ganas. No me interesa.
—Mentira
—sonrió.
—Además,
yo también tengo novio.
—Oh,
por favor… no empieces a hablarme de ese imbécil. Y se te nota, se te nota
terriblemente que te mueres por dentro. Tú quieres ser la novia de ese hombre,
tú quieres estar con ese hombre. ¡Por dios! Si vieras como sonríes cuando está
cerca… simplemente eres otra…
—¡Ya
basta, Matthew Richard Donnovan!
Él
la miró sin poder creerlo, como si ella acabara de darle el peor insulto de
toda su vida. Se puso de pie y la miró con cara de pocos amigos.
—¡Cuando
aclares tus sentimientos y estés totalmente segura de lo que te pasa, podrás
llamarme Matthew Richard! —dijo enojado —Antes no…
Él
salió de la habitación de _____ dando un firme portazo. _______ resopló y
volvió a esconder el rostro en la almohada. Quería agarrar y romper algo. No
podía entender por qué estaba celosa. SI, CELOSA. Muy celosa. Como jamás lo
había estado por nadie en su vida.
Y
lo peor de todo aquello era que al parecer Tom jamás le había hablado de ella.
Pero ahora que lo pensaba bien ella tampoco le había hablado a Ashton sobre Tom.
Todo
era demasiado confuso. No quería sentirse más así, no.
—¿_______?
Ella
levantó rápidamente la cabeza y en ese mismo instante se puso de pie.
—¿Qué
haces en mi habitación? —preguntó nerviosa.
Él
estaba allí parado con cara de sueño, un pantalón de dormir y una musculosa
blanca que dejaba a la vista los fuertes músculos de sus brazos. ____ tragó
saliva.
—Necesitaba
hablar contigo —dijo Tom.
—¿Sobre
qué? —dijo y sacó su vista de él.
—Sobre
lo que pasó en la cocina…
—Nada
pasó en la cocina —se apresuró a decir.
—¿No?
—inquirió él —Te fuiste así, como si nada…
—De
verdad no pasó nada —sentenció ella —Y voy a pedirte que por favor te vayas. Ya
es tarde… y que la próxima vez golpeas antes de entrar. Ya no somos unos niños
—él la miró extrañado —Y que tu novia no vuelva a entrar así…
—Comprendo
—asintió él —Y perdón.
—No,
no es nada.
Tom
caminó hasta la puerta y luego se giró a verla.
—Hasta
mañana —le dijo.
—Adiós
—asintió ella.
Tom
salió de allí. Ella se quedó quieta observando la nada… lentamente se sentó en
la cama y de repente la culpa la invadió. Ella no tenía derecho de tratarlo de
esa manera. Él solo había ido para hablar.
Se
acostó en su cama y apagó la luz de la mesita de noche. ¿Qué estaba pasando con
ella, por dios? No se sentía igual que hacía una semana atrás.
Soltó
un suspiro y cerró los ojos. Quizás mañana se le iría todo el mal humor y las
ganas de comportarse como una salvaje…
Se
despertó peor de lo que se había acostado. Su humor no solo había empeorado,
sino que se había despertado sin voz.
—No
te aguanto más —le dijo Matt. Ella lo miró indignada.
—Ni
yo —le dijo con poca voz mientras ambos bajaban las escaleras para ir a
desayunar.
Desde
que se habían encontrado en el pasillo no habían parado de pelear. Matt al
parecer estaba decidido en fastidiarla. Y ella no estaba muy tolerante para
eso.
—Te
escuchas tan horrible —le aseguró él —¿Sabes por qué estás así?
—Si,
lo sé —aseguró ella con aquella horrible voz que le salía.
—Estás
así por hacerte la Heidy ayer, por eso.
Ella
lo miró mal. Pero no pudo decirle nada porque justo llegaron a la sala en dónde
Jhon ya estaba sentado leyendo el diario y tomando un café.
Cada
uno tomó su lugar y comenzaron a desayunar.
—¿Cómo
durmieron? —les preguntó Jhon.
—Ay,
yo muy bien, Jhoni —dijo Matt sonriente —Gracias a dios los mosquitos no
entraron a mi cuarto y dormí como un bebé. Pero no sé como habrá dormido la
mudita.
—¿Mudita?
—inquirió y miró a _____.
—No…
no tengo voz —logró decir ella.
—Oh,
hija… ¿Qué le pasó a tu voz?
—Quise
hacerme la campirana, papi —Matt imitó a la perfección la voz de _____ mientras
se acercaba la taza a la boca.
______
se puso rápidamente de pie.
—Eres
intratable —le dijo con la poca voz que le quedaba.
Salió
rápidamente de allí. Jhon miró algo confundido a Matt. El rubio se encogió de
hombros y le dio un mordisco a una tostada.
—¿Qué?
—preguntó —Ella empezó, lo juro.
_______
salió de la casa y paso rápido comenzó a caminar hacia el establo. Necesitaba
despejarse un poco, calmarse. Tenía que controlar su humor, porque sino iba a
ser mucho peor. Y ella ya no quería estar así.
Entró,
pero se detuvo al verlo allí. Tom giró a verla, pero al instante volvió la
vista a White, que estaba parado frente a él. El pelinegro le cepillaba el pelaje.
—Buenos
días, señorita ¿se le ofrece algo? —le preguntó sin mirarla.
Ella
pudo notar el tono de ‘indiferencia’ en sus palabras. Se mordió el labio con
algo de fuerza. Quería acercarse a él y pedirle perdón por lo que había pasado
anoche.
—Tom…
—logró decir.
Él
se giró a verla y soltó un suspiro para luego dejar las cosas que estaba
utilizando para arreglar a White, en el piso. Se acercó unos pasos a ella.
—Vamos
a dejar las cosas claras —le dijo —Creo que usted las dejó bien claras anoche…
—Pero…
—él volvía a tratarla de usted.
—Y
va a ser mejor que las cosas se queden como están. Usted es la hija del jefe, y
yo soy su empleado. Va a ser mejor no mezclar más las cosas.
—No,
Tom…
—Ya
no somos unos niños —se fue de allí, dejándola con la palabra en la boca.
Capitulo
17:
Tres
días pasaron como si nada. Y para _______, Tom estaba cada vez más alejado de
ella. Ahora apenas compartían un: Buen día.
Él
la evitaba a toda costa. Y ella se sentía cada vez peor. No solo por eso, sino
que la culpa la carcomía. Su voz había mejorado gracias a Simone.
Volvió
a darle un sorbo a la asquerosa infusión que la madre del pelinegro le había
estado dando en los últimos dos días. Ya se había acostumbrado al mal sabor.
Matt
entró a la cocina y se sentó junto a ella. Ya no peleaban, y su mejor amigo le
había pedido perdón por haberse comportado como un niño.
—¿Quieres
ir a pasear por ahí, ______? —le preguntó él.
—No
lo sé, Mattie —suspiró ella —No estoy de ánimos.
La
puerta se abrió y él entró. Los saludó por lo bajo y se acercó al fregadero
para buscar un poco de agua. Tan pronto como entró, se fue. Y a _____ el
corazón se le encogió. Odiaba estar así con él. Simplemente lo odiaba.
—¿Sigue
enojado? —inquirió Matt.
—Si
—suspiró ella y apoyó su taza sobre la mesa —Odio que esté así…
—Entiéndelo,
________, heriste su orgullo…
—Yo
no herí su orgullo —dijo frunciendo el ceño —Solo estaba enojada…
—Celosa
—la corrigió él. Ella lo miró entrecerrando los ojos.
—Lo
que sea —volvió a hablar —No quiero que esté así conmigo.
—¿Qué
te parece si haces algo? No sé… una carta, una fiesta, lo que sea.
—No,
esas cosas no sirven con él. Es terco como una mula.
—Entonces
quédate sentada y espera a que se le pase el enojo. No creo que esté así por el
resto de su vida.
Alguien
volvió a entrar a la cocina. Ambos se giraron a verlo.
—Buenos
días, Georg —le sonrió ______.
—Buenos
días a ambos —dijo el castaño y se acercó al refrigerador para sacar un poco de
leche.
—¿Cómo
te sientes? —le preguntó Matt.
—Mucho
mejor, por suerte —contestó mientras se servía un poco en un vaso —Ya no siento
tanto dolor, y el médico dijo que dentro de poco podré volver a mis actividades
normales.
—Tengo
algo para ti —dijo ______.
El
castaño frunció el ceño y la miró extrañado.
—Es
una carta de Lola —murmuró Matt.
Al
instante Georg se acercó a ______ y por poco y le arrebató de las manos el
sobre blanco. Comenzó a abrirla casi desesperado pero se detuvo al ver que aun
estaba en presencia de ______ y Matt. Carraspeó un poco.
—Voy…
voy a ir a leerla a otro lado.
—¿Por
qué? —preguntó Matt decepcionado —Queremos saber que te dice.
—¡Matt!
—lo retó ella y golpeó levemente su hombro —No es de nuestra incumbencia lo que
diga esa carta —miró a Georg —Ve tranquilo, Georg… pero recuerda que todavía no
puedes verla. No después de que su padre vino a buscarla hasta aquí.
—Lo
entiendo —murmuró este sin dejar de mirar la carta.
—Si
le quieres responder nos dices y nosotros le alcanzaremos la carta a la
pequeña…
—¿De
verdad? —inquirió sorprendido.
—Si
—sonrió _______ —No te lo había dicho pero ahora voy seguido a la casa de Lola
a darle clases de piano —le guiñó un ojo —Empezamos justo ayer… hoy tengo que
ir de nuevo. Así que si quieres que le lleve algo, apúrate.
Salió
de la cocina hecho una flecha. Ambos amigos rieron y soltaron un suspiro. Les
encantaba hacer de cupidos. Siendo más jóvenes, se encargaban de juntar parejas
en la preparatoria y siempre todo salía bien.
_____
volvió a tomar un poco de su té y miró la hora en el reloj. Casi se ahoga al
ver que se le había hecho hiper tarde.
—¿Qué
pasó? —preguntó Matt.
—Se
me hizo tarde… tengo que irme ya hacia lo de los Montoya —se puso de pie y
acomodó un poco el lío que había quedado —Dile a Georg que mañana le llevaré la
carta a Lola. Ahora no tengo nada de tiempo.
—¿No
quieres que te acompañe? —le preguntó él.
________
le dedicó una tierna sonrisa.
—No,
cariño. Puedes ir a darte ese baño de sales que tanto quieres…
—Odio
que me conozcas tanto —aseguró él.
Ella
tomó sus cosas y salió por la puerta de la cocina. Susurrando una vieja canción
de cuna llegó hasta las caballerizas. Ingresó y divisó a su caballo blanco.
—White
—lo llamó. Al instante el animal se giró a verla y se acercó a ella. Con una
gran sonrisa ______ lo acarició y besó su hocico —¿Vamos a casa de Estrella?
—él relinchó contento. Ella rió —Vamos a ver al bonito de Apolo, cada día se
parece más a ti.
Se
subió a él y le dio la indicación para empezar a galopar. La tarde estaba
perfecta para salir a montar. No hacía ni frío, ni calor. Pero un par de nubes
se asomaban por el oeste.
‘Tormenta’
—pensó ______.
Si
había algo que ella siempre había odiado eran las tormentas. Le daban miedo.
Era raro de explicar. Pero un miedo que le nacía en lo más profundo de su alma.
Y cuando era niña las sufría constantemente, ya que en el campo eran bastante
comunes.
Pero
siempre había estado él para cuidarla. Tom había sido su súper héroe
enmascarado, sin mascara claro. Siempre le hacía ver todo del lado bueno, y se
quedaba a su lado hasta que los infernales truenos y relámpagos terminaran.
Sintió
que sus ojos se llenaban de lágrimas. Si tan solo él la escuchara, podrían
volver a esa infancia feliz sin ningún problema. Pero Tom Kaulitz estaba
empecinado en no hablarle. ¡Maldito testarudo! Había algo en él que ella quería
alcanzar. No sabía qué. Miró su mano y vio el pequeño anillo que él le había
regalado el día de su cumpleaños número 12, antes de que se marchara. Si, aun
lo tenía. Guardado claro, pero lo tenía. Y hoy a la mañana lo había buscado en
su joyero y allí estaba. Ya no le entraba en su dedo medio, pero si en el
índice. Tal vez si ella le mostraba que también tenía guardado el regalo de él,
la perdonaría de una vez por todas.
Se
detuvo justo frente al establo de los Montoya. Allí estaban Estrella y el
pequeño Apolo. Al instante White se acercó a ellos.
—Te
dejo con tu familia, White. Vendré por ti en dos horas —le dijo.
Giró
con intención de dirigirse a la casa, pero se sobresaltó ante la repentina
aparición de un hombre allí. Lo miró bien hasta reconocerlo.
—Hola,
______ —sonrió soberbiamente.
Ella
se tensó. Jamás le había gustado tratar con él o con su hermano. Y al parecer
las cosas no habían cambiado porque ahora tampoco le gustaba.
—¿Qué
tal, Federico? —le preguntó solo por amabilidad.
Comenzó
a caminar hacia la casa y justo cuando estaba por pasar a su lado, él se puso
en su camino impidiéndole el paso. Ella se tensó aun más.
—Así
que… ahora eres profesora de piano de mi hermana.
—Si,
así es —asintió fríamente —Ahora, si eres tan amable de dejarme pasar. Se me
hace tarde y ella me está esperando.
Volvió
a intentar pasar, pero Federico no se movió. Ella lo enfrentó con la mirada, no
dejándose intimidar. Federico era un hombre atlético, hasta podría decirse que
era algo atractivo. Tenía rasgos endurecidos y su mirada era de un raro color
miel. Pero ______ no lo encontraba lindo, de ninguna forma en la que lo viera.
—Tengo
una gran duda, _______(TuApodo)…
—Soy
_____ —lo miró mal —Para ti soy ______.
—Lo
siento —sonrió divertido —Mi duda es, ¿Por qué volviste?
—Ese
no es asunto tuyo —intentó pasar, pero chocó de nuevo con él. Y si, ya se
estaba cansando de él.
—Estás
muy linda, ________.
Ella
respiró profundamente tratando de estar calmada. Pero su paciencia iba a llegar
al límite y eso no iba a ser nada bueno.
—Federico,
me estás cansando…
Él
estiró su mano y le acarició un brazo. Ella retrocedió al instante, mirándolo
ya algo perturbada.
—Vuelvo
a repetírtelo, ______. Estás muy linda —se acercó un paso a ella.
Por
instinto, ella comenzó a retroceder.
—Si…
si te sigues acercando voy a gritar, Federico —le advirtió.
Una
macabra sonrisa se curvó en su rostro. Y de repente el miedo invadió a _______.
Le dio la orden a sus pies de que corrieran, pero estos no obedecieron.
—Un
beso no le hace mal a nadie —dijo él.
Ella
abrió bien los ojos.
—¡No
te me acerques!
Entonces
sus piernas reaccionaron, pero cuando intentó correr él la tomó de un brazo y
la pegó a su cuerpo. _____ comenzó a forcejear con él. Y si, el muy maldito era
el doble de ella, pero aun así presentaría batalla. Ningún mal nacido iba a
propasarse con ella, ninguno.
—Tranquila
—murmuró él.
—¡Suéltame!
—gritó ella —¡Ayuda!
—Nadie
va a escucharte, _______. Todos están muy ocupados hoy —se acercó más a ella.
________
echó la cabeza hacia atrás, para impedir que él la besara. Tenía asco,
demasiado asco de ese hombre. Y él olía a alcohol, lo más segura era que
estuviera borracho. Volvió a forcejear y comenzó a golpearlo en el pecho.
—Por
favor, Federico, me estás lastimando —le rogó ella.
La
fuerza que estaba ejerciendo su mano sobre su brazo era demasiada. Y ______
comenzó a creer que si él seguía en cualquier momento iba a quebrarse.
—¿Qué
crees que va a pasar, eh? —preguntó él y su boca tocó su mejilla. _______ cerró
los ojos aguantando el miedo. Quiso largarse a llorar allí mismo —¿Crees que va
a venir el imbécil de Kaulitz en tu ayuda? Cuando éramos niños él siempre
estaba tu alrededor. Pero ahora ya no, _____, ya no.
Y
de repente se alejó de ella en un respiro. ______ abrió los ojos para ver lo
que pasaba. Y allí estaba Tom. En ese mismo momento le dio un puñetazo a
Federico en el rostro, haciéndolo caer al suelo. Ella se llevó una mano a la
boca, y solo pudo quedarse allí parada.
Tom
estaba completamente sacado. Había estado observando todo, ya que había estado
siguiendo a ______. Desde que ella había informado que iría todos los días a la
casa de los Montoya, él se había comprometido con si mismo a seguirla para
asegurarse de que llegaría bien. Y lo mismo haría con la vuelta. Él sabía, el
presentía que aquel maldito infeliz sería capaz de una cosa así.
Se
acercó a él y le proporcionó una patada en una de sus costillas.
—¡Tolero
que robes nuestro ganado! —le gritó y volvió a golpearlo. Lo tomó de la nuca y
lo puso de pie —¡Tolero que intentes quemar nuestras cosechas! —otro golpe más.
La furia corría por sus venas —¡Tolero que intentes matar a mi primo, que no
respetes a mi gente! —se acercó a él y lo tomó de la ropa acercándolo —Pero no
voy a soportar que le toques un pelo a ella, ¿entiendes eso, imbécil? —lo soltó
y volvió a golpearlo.
—¡Ya,
Tom, ya basta! —escuchó que ella decía y pronto unos delgados brazos lo
rodearon por detrás. La respiración del pelinegro salía agitada de su cuerpo,
mientras observaba a Federico tirado en el suelo, agarrándose el rostro —Vamos,
Tom, por favor llévame a casa…
Él
giró y su corazón se encogió al ver el miedo en sus achocolatados ojos. Ese
infeliz debería morir por haberle causado aquello, claro que si. La acercó a él
y le besó la frente.
—Tranquila,
ya pasó —musitó cerca del nacimiento de sus cabellos.
______
escondió el rostro cerca de su pecho y se quedó allí. Estaba segura de que no
había lugar más seguro que ese.
—Por
favor, vayámonos de aquí —le pidió.
Él
asintió y comenzó a caminar sin dejar de abrazarla.
—¡Eres
un maldito infeliz, Kaulitz! —le gritó Federico.
Tom
lo miró sobre su hombro. El bastardo se estaba poniendo de pie. Su nariz
sangraba y pronto tendría un ojo morado.
—¡Vuelve
a intentarlo, Montoya, no saldrás vivo la próxima vez! —le advirtió.
Sintió
que _______ se tensaba contra él. La abrazó un poco más y volvió la vista al
frente mientras se dirigían a su caballo.
Caminaron
en silencio, simplemente abrazados. Ella aun estaba alterada, se notaba por los
leves temblores que daba su cuerpo. Jamás había pasado por algo como aquello. Y
definitivamente no quería volver a pasarlo.
Entonces
comenzó a pensar. ¿En qué momento llegó Tom para socorrerla? Se alejó un poco
de él y levantó la mirada. Él miraba fijamente al frente.
—Tom
—lo llamó. Él alzó ambas cejas en forma de pregunta —¿Cómo sabías que yo
estaba…?
—Te
seguí —contestó simplemente.
Los
ojos de ______ se abrieron a causa de la sorpresa. ¿Él la había estado
siguiendo?
—Pero,
¿Por qué?
—Desde
ayer decidí seguirte. No me parecía seguro que vinieras sola para estas tierras.
Ya vez que es bastante peligroso —la soltó y se subió al caballo. Le tendió la
mano para ayudarla a montar también. Pero _____ no se la dio enseguida.
—¿Me
perdonaste, Tom? —le preguntó.
El
pelinegro la miró fijo. Él en realidad no estaba enojado, solo confundido.
Había decidido alejarse de ella para aclarar un poco sus pensamientos. Soltó un
suspiro.
—Vamos
a la casa y hablaremos más tranquilos.
Capitulo
18:
_______
se acercó un poco más al pecho de Tom, ya que de repente un frío viento se
había levantado. En menos de dos minutos todo el cielo se cubrió de las negras
nubes que _______ había estado contemplando unos cuantos minutos antes.
Tom
percibió el movimiento de ella y miró hacia el cielo. Alzó ambas cejas. Esas
nubes solo podían significar que en cualquier momento comenzaría a llover. Se
acercó un poco más a ella, para brindarle seguridad. Su corazón latía muy fuerte,
por varias razones: tenerla así de cerca, sentir su perfume y el miedo/rabia
que lo había invadido cuando aquel maldito infeliz la había tocado. Jamás había
sentido tanto odio hacia alguien. Si no fuera porque ella lo detuvo, estaba
seguro de que Federico Montoya no hubiese quedado de pie.
Y
de repente un rayo pareció partir la tierra. ______ ahogó un grito mientras que
el caballo se parada, asustado, sobre sus patas traseras. Tom tomó con más
firmezas las riendas y trató de calmarlo. Pero otro trueno llegó, el caballo
comenzó a correr sin dirección, mientras que la densa lluvia se hacía presente.
—¿Qué
está pasando, Tom? —preguntó asustada.
—Solo
está asustado —dijo él —Y no obedece a mis órdenes de detenerse.
—Yo
también tengo miedo —murmuró como si de una niña se tratara.
—Tranquila,
enana, no estás sola.
Tom
divisó que el caballo se dirigía hacia las afueras de las estancias, más hacia
la nada que hacia el pueblo. Trató de detenerlo de nuevo, pero no tuvo éxito. Y
la lluvia comenzó a ser torrencial, apenas se podía ver el camino. Entonces el
pelinegro supo que tendrían que saltar.
—_______,
tenemos que saltar.
Ella
se incorporó un poco y lo miró aterrada.
—Debes
estar bromeando —dijo. Él negó levemente.
—No
puedo detener al caballo.
Entonces
ella le quitó las riendas y comenzó a tirar de ellas con fuerza. Tom la miró
divertido.
—¿Cómo
se llama el animal? —preguntó nerviosa.
—¡Helios!
—dijo él. Ella volvió a tirar de las sogas.
—¡Para,
Helios, para ya! —dijo elevando la voz lo más que pudo.
Y
como si el caballo hubiese sido hechizado se detuvo. Tom estaba realmente
asombrado. Ella se alejó un poco de él y se bajó de un salto. Estaba
completamente empapada y el agua seguía cayendo como si de una catarata se tratara.
Otro
rayo hizo temblar todo. ________ gritó y entonces el caballo comenzó a correr
de nuevo con Tom a cuestas.
—¡Tom!
—exclamó ella y comenzó a correr detrás de él.
Su
corazón dio un vuelco al ver que él saltaba del caballo. Helios siguió corriendo
y ella lo perdió de vista bajo la lluvia. Corrió hasta llegar a Tom que estaba
tumbado boca arriba sobre la tierra lodosa. Se arrodilló junto a él y se
desesperó al verlo con los ojos cerrados. Tal vez se había la cabeza o algo por
el estilo.
—Tom,
Tom, TOM —repitió su nombre nerviosa y tomó su rostro con ambas manos. Lo
acarició, tratando de secar su piel. Y entonces su ojos se llenaron de lágrimas
—Por favor, Tom, abre los ojos… sabes que le tengo miedo a las tormentas.
Él
ni se movió. Tampoco hizo algún movimiento de abrir los ojos. ________ se
mordió los labios para ahogar su sollozo. Y volvió a acariciar sus mejillas.
¿Qué iba a hacer ella sola con él desmayado? Por dios, lo necesitaba despierto.
Necesitaba que la abrazara y le dijera que la tormenta ya se iba a ir, que sola
era una estúpida lluviecita.
De
repente él abrió los ojos y la miró. Una suave sonrisa se curvó en sus labios
al verla con los ojos cerrados, rezando en voz muy bajita.
—Lo
sé —dijo él —Sé que le temes a las tormentas.
Ella abrió los ojos
rápidamente para observarlo. Sonrió levemente pero después
frunció el ceño. Acto seguido le dio un firme golpe en el pecho y se puso de
pie. Comenzó a caminar hacia no sabía donde.
—¿________?
—la llamó mientras se sentaba.
Siseó
por lo bajo ante el dolor en una de sus piernas. Pero se puso de pie y comenzó
a caminar tras ella. La alcanzó y la tomó suavemente del brazo. Ella giró y
volvió a golpearlo en el pecho.
—¡Eres
un idiota, Tom, creí que te había pasado algo! —chilló mientras lo seguía
golpeando. Él solo la observaba. Sabía por qué estaba enojada. Él había estado
fingiendo estar desmayado. Solo para ver que le provocaba. No había sido buena
idea, pero no estaba arrepentido.
Otro
trueno iluminó todo el campo. Ella dejó de pegarle solo para abrazarlo,
metiendo los brazos entre los de él.
—Te
odio, Tom.
Él
se rió suavemente y también la abrazó.
—Ambos
sabemos que no —le dijo.
Ella
se alejó un poco para mirarlo y le sacó la lengua. Otro trueno llegó y ella
volvió a abrazarlo.
—Dime
que sabes donde estamos y que vamos a llegar pronto a casa —le pidió asustada.
Tom
miró a su alrededor. No estaba del todo seguro, pero apostaría su cabeza a que
estaban en la vieja estancia de los Mcadams.
—Creo
que sé donde estamos —le contó —Pero lo malo es que no estamos cerca de la
casa. Y con esta lluvia vamos a tardar más en llegar.
—Tengo
miedo, Tom.
Se
alejó un poco de ella y la miró fijamente a los ojos.
—No
tienes que tener miedo, _____. Yo estoy aquí para cuidarte, ¿si? —ella asintió
levemente —Pero va a ser mejor que nos resguardemos en el viejo establo de los
Mcadams.
_____
lo miró aterrada.
—¿Estamos
en las tierras de los Mcadams? —Tom asintió —Por dios, esto es horrible.
—_______,
nada va a pasarnos.
—Por
si no lo recuerdas estas tierras están… embrujadas.
Él
soltó una sonora carcajada y pellizcó la nariz de ella. No podía creer que ella
todavía creyera en esas cosas.
—Bonita,
no puedes estar hablando en serio. ¿Todavía crees en eso?
Ella
pestañeó seguidamente, por el tonto cosquilleo que sintió en la panza al
escuchar que él la llamaba bonita.
—Yo…
claro que las creo.
—Esas
historias que nos contaban cuando éramos niños no son verdad, enana.
—Claro
que son verdad, ¿Por qué nadie volvió a saber de ellos?
Él
sonrió y levantó la mano para acariciar la mejilla de ______. Estaba fría por
la lluvia y el viento. Las sonrisas, los miedos, la tormenta, todo desapareció
alrededor de ellos. Fuerte y extraño era lo que ambos sentían. Raro de
explicar, porque había sucedido de repente.
Tom
tenía una novia. Él la quería, claro que si. Pero desde que había vuelvo a
posar sus ojos en los ojos de ______ Brooks, todo había cambiado.
______
creía estar enamorada de Ashton. Pero ¿Por qué Tom hacía latir su corazón así
de fuerte? Había sentido tantos celos cuando lo había visto con aquella
muchacha. Y lo peor de todo era que ella no tenía derecho a sentir celos, claro
que no.
—Va
a ser mejor que… comencemos a ir, acabas de salir de un resfriado —dijo él.
Dejó
de acariciarla y comenzó a caminar. _______ se quedó quieta en su lugar, con la
sensación caliente de su mano contra su piel. Se sentía tan tonta. Cada vez que
él tenía un gesto tierno hacia ella todo su mundo giraba.
Seguía
lloviendo pero no tan seguido como antes. ______ reaccionó y comenzó a caminar
rápido detrás de él. Pronto lo alcanzó y se acercó lo más que pudo. Tenía miedo
y frío, necesitaba tenerlo cerca.
Luego
de caminar, callados unos cuantos minutos, llegaron al viejo y abandonado
establo de los Mcadams. Tom abrió la pesada y oxidada puerta, haciendo un gran
ruido. Entraron… todo estaba tirado, no habían caballos y si había unas cuantas
telas de araña.
______
puso cara de asco y volvió a acercarse al pelinegro.
Él
buscó un viejo mechero y logró prenderlo, dándoles luz y un poco de calor.
Corrió un poco de las cosas hacia un costado e improvisó una especie de
colchón.
Ella
solo lo observaba en silencio, temblando levemente del frío. Se acercó un poco
más al pequeño fogón que él había hecho.
Cuando
Tom terminó de arreglar todo se giró a verla. Ella también lo miró y le regaló
una tímida sonrisa.
—¿Terminaste?
—inquirió ella.
—Si
—asintió él algo embobado.
—¿Y
qué haremos ahora? —quiso saber —Mi celular no tiene señal para poder pedirle
ayuda a alguien.
—Tendremos
que pasar la noche aquí hasta que la tormenta termine.
—¿Toda
la noche… solos? —fue una pregunta que le salió del alma. Él se encogió de
hombros.
—Al
parecer si… toda la noche solos.
Capitulo
19:
Ella
miró a su alrededor, reparando en lo tétrico que se veía aquel lugar. Las
viejas historia que su padre le contaba a Tom y a ella cuando eran niños
rondaban por su cabeza. Y en ese momento estaba en las viejas y misteriosamente
abandonadas tierras de los Mcadams.
Simplemente
se sentía como una niña, no tenía otra explicación. Se abrazó a si misma cuando
un nuevo escalofrío bajó por su espalda.
Tom
se había ido a buscar algo para poder secarlos. Ella había decidido quedarse
sentada cerca del fuego… y al parecer no había sido una buena idea. Escuchaba
algunos sonidos, no estaba segura de lo que podían ser. Y la tormenta seguía
siendo intensa afuera. Para su suerte ningún trueno había vuelto a sonar. No
quería estar sola cuando eso sucediera.
Se
sobresaltó un poco al ver a Tom saliendo repentinamente de la oscuridad con un
par sábanas y toallas.
—Tranquila,
soy yo —le dijo.
—Lo
sé —asintió ella —¿De dónde sacaste eso?
Tom
le tendió una toalla y se acercó a ella para sentarse a su lado.
—Del
lado trasero hay una especie de patio con techo… estaban colgadas en una
especie de tender. Las revisé y están limpias.
_______
miró extrañada la toalla que tenía en la mano pero no lo dudó y se secó un poco
el pelo para luego envolverse con ella.
—¿La
lluvia sigue siendo fuerte? —le preguntó.
—Así
es… hacía bastante que no llovía de esta forma.
Se
puso de pie y sin decir nada se quitó la camisa. La mandíbula de _____ se abrió
hasta casi tocar el suelo. Sintió que la sangre le corría a toda velocidad
hacía sus mejillas. Al instante giró dándole la espalda.
—¿Qué
estás haciendo, Tom? —le preguntó algo nerviosa.
Él
la miró divertido al verla mirando hacia otro lado.
—Voy
a empezar a secar mi ropa por partes… no quiero dormir empapado —le dijo y
estrujó su camisa para luego estirarla cerca del fuego —Deberías hacer lo
mismo.
—Si,
claro —dijo irónicamente —¿Y que voy a ponerme mientras tanto?
—Te
puedes envolver con la toalla que acabo de darte o si quieres te improviso un
vestido con una de las sábanas.
Ella
se mordió los labios. Quería girar para mirarlo pero no se animaba… ¡Por dios!
¿Cómo podía un hombre ser tan perfecto? Pero se armó de valor y giró su cabeza
para mirarlo sobre su hombro. Él estaba sentado, con la toalla alrededor de sus
anchos hombros. Miraba fijamente el fuego, pero de repente levantó la mirada
hacia ella.
—Voy…
voy a sacarme la remera —le dijo ella —Pero… no mires.
Él
evitó sonreír, pero sus comisuras se elevaron sin permiso. Sin decir nada
comenzó a girar hasta darle la espalda.
—No
voy a mirarte, lo prometo —dijo mientras alzaba una mano.
_______
se puso de pie y dejó la toalla a un costado. También se dio la vuelta, no
quería mirarlo mientras se sacaba una parte de la ropa. Trató de hacerlo
rápido, pero sus nervios la estaban traicionando. Logró quitarse la mojada
remera y la estrujó lo más que pudo.
Tom
escuchaba uno y cada uno de sus movimientos con mucho cuidado. En ese momento
estaba terminando de estrujar su remera. Entonces la curiosidad lo embargó.
Tenía que mirarla un poco… solo un poco. Lentamente comenzó a girar la cabeza,
hasta tenerla en su línea de visión. Su corazón comenzó a latir con fuerza al
ver que estaba de espalda… era la espalda más pequeña y ‘suave’ que él había
visto. Su piel era dorada y el fuego hacía un raro juego de luces contra ella.
La observó detenidamente, no había ninguna imperfección en ella. Vio como su
piel se erizaba, él tragó saliva. Tenía que dejar de mirarla, pero se le estaba
haciendo imposible.
_____
subió las manos por su espalda para desabrochar su sostén y poder sacarlo
también… era incómodo tenerlo así. Pero entonces se detuvo, algo le decía que
debía mirar hacia atrás. Giró la cabeza y se encontró con su mirada.
—¡Tom!
—lo retó. Él miró rápidamente al frente mientras reía nervioso y divertido.
—Lo
siento, lo siento… no vi nada, lo juro.
Ella
volvió la vista a dónde estaba y terminó de quitarse el sostén. Tomó
rápidamente la toalla y se envolvió con ella, como si acabara de salir del
baño. Todavía tenía puestos sus vaqueros… y no planeaba quitárselos.
Se
sentó mirando de nuevo al fuego, colocó su ropa a un costado de ella y rogó a
dios que se secara pronto.
—Ya
puedes girar —le avisó al pelinegro, por lo bajo.
Tom
soltó un suspiro y giró, pero no la miró. Tiró una ramita al fuego y se abrazó
a sus rodillas.
_______
lo observó en silencio. Miró detenidamente su perfil. La luz del fuego se
reflejaba en sus ojos. Todavía no creía que aquel era Tom, su Tom, su primer
amor. Bajó la mirada hacia la confección de sus brazos. Era como si él
estuviera hecho de hierro, parecía irrompible. Siempre había sido fuerte, pero
ahora se notaba más. Él era un hombre trabajador y cada músculo que surcaba su
cuerpo era muestra de ello. De repente él la miró.
—¿Por
qué te fuiste así de la cocina la otra noche? —le preguntó.
Eso
la tomó completamente desprevenida. Se esperaba cualquier cosa, menos esa
pregunta. El estomago se le encogió. ¿Qué iba a decirle ahora? No podía
decirle: ¿sabes que, Tom? Estaba celosa, si muy celosa.
Sacudió
la cabeza. Pero si no le decía eso. ¿Qué cosa iba a decirle?
—Yo…
—dejó de hablar y suspiró.
—¿Tú,
qué? —dijo él para que siguiera hablando.
Por
alguna razón él necesitaba escuchar sus razones, para así quedarse
completamente tranquilo.
—Sentí
celos —dijo al fin luego de unos cuantos segundos.
Tom
la miró bien, sus ojos se abrieron más de la cuenta. ¿Qué era lo que ella
acababa de decir? ¿Celos? Frunció el ceño y sacudió levemente la cabeza para
volver a mirarla.
—¿Qué?
—fue lo único que le salió decir.
Ella
comenzó a mover nerviosa un pie.
—Si…
me… me puse celosa… eso —no sabía de donde estaba sacando el valor para decirle
aquello, pero lo estaba haciendo —Me enojé,… a decir verdad no estaba enojada,
solo molesta. Fue raro.
Él
trató de digerir una y cada una de sus palabras. Estaba algo confundido.
¿Fueron celos o molestia?
—¿Quién
es Ashton? —preguntó luego de guardar silencio por varios minutos.
Los
ojos de _______ se abrieron como platos.
—¿Cómo
sabes de él? —se apresuró a preguntarle. Si había sido Matt, iba a matarlo.
—Te
escuché hablando por teléfono el día que llegaste.
Ella
apartó su mirada de él… La había escuchado discutiendo con Ashton, entonces la
había visto llorar, y decir cosas que en realidad no eran verdad.
—Ashton
es… mi novio —le dijo al fin.
Tom
sonrió sin ganas y volvió a tirar una ramita al fuego. Él ya sabía eso, pero
escucharlo de ella fue como recibir un golpe en medio de la cara.
—¿Estás
enamorada de él? —quiso saber.
Al
instante ella lo miró. Hablar de esto con Tom era lo más… extraño del mundo. No
le parecía correcto, pero al parecer estaba muy interesado en saber.
—Creo…
que si —le contestó.
—Entonces
lo que sentiste el otro día no fueron celos… solo incomodidad.
Ella
asintió levemente. Tal vez él tenía razón y lo que había sentido cuando vio a
esa chica besándolo no habían sido celos. Pero volvió a recordarlo, y la
presión en su pecho volvió. Y esas estúpidas ganas de agarrar de los pelos a
esa teñida también.
—¿Hace
mucho que estás con… Felicity, cierto? —le preguntó.
—Si,
Felicity —asintió y alzó ambas cejas mientras miraba fijamente la nada —Hace 3
años que estoy con ella.
—Oooh,
que bueno —murmuró. Pero para sus adentros no era bueno. Era horrible,
simplemente un asco.
—Si,
es bastante tiempo.
Un
sonido proveniente de la oscuridad alertó a ambos. ______ se arrastró rápidamente
hasta quedar al lado de Tom. Se ocultó un poco tras su espalda.
—¿Qué
fue eso, Tom? —le preguntó por lo bajo y con voz angustiada.
—Shhh
—la calmó él mientras miraba hacia el lugar de dónde había provenido el ruido.
—Tranquila, seguro fue el viento.
Algo
cayó al suelo, en el mismo lugar de antes. ______ se acurrucó más contra Tom.
—¿Quién
anda ahí? —preguntó el pelinegro en voz alta.
Entonces
un trueno iluminó todo, mostrándoles a ambos la sombra de alguien parado frente
a ellos.
HOLA!!! BUENO AQUI ESTAN LOS CAPS ... SOLO UNA COSA ... YA EMPEZE EL SERVICIO DE LA ESCUELA Y HABRA DIAS EN LOS QUE NO PODRE ACTUALIZAR YA QUE LLEGO TARDE Y CANSADA ... ESPERO Y ME ENTIENDAN ... TRATARE DE ACTUALIZAR SEGUIDO PERO NO PROMETO NADA ... MIENTRAS DISFRUTEN DE LOS CAPS .. 3 O MAS Y AGREGO HASTA PRONTO :))
Ayyy quien seeeraaaa sigueee plis
ResponderEliminarQuien serà? Que miedoo!
ResponderEliminarSihuela xD
Quien sera o.O
ResponderEliminarSube pronto
Huyy quien sera ese?? me dejaste intrigada virgi me encanto espero el próximo cap..
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