martes, 12 de enero de 2016

INTRODUCCION # 1 # 2 Y # 3

INTRODUCCION.-*
Qué nerviosa se sentía, le temblaban las piernas. No recordaba, o eso creía, haber pasado un día tan emocionante como ese. Su cumpleaños número doce. 
No podía dejar sus manos quietas y se mordía el labio, nerviosa.
Si, estaba nerviosa. Su padre le había dicho que su regalo estaba escondido en las caballerizas. Se podía imaginar perfectamente cuál era su regalo. 
Respiró profundamente y entró al lugar. Aquel familiar olor a caballo y paja entró por su nariz. Lo respiró más aun… quizás fuera la última vez que lo hiciera. 
Entró del todo y miró a su alrededor, para luego volver a mirar al frente. Su regalo estaba ahí. Una amplia sonrisa surcó su rostro, y sin poder evitarlo apresuró sus pasos hacia él. 
Siempre quiso un caballo blanco y al fin lo tenía. Mordió sus labios, de nuevo, y comenzó a disminuir el paso. Un nuevo sentimiento acaparó toda su emoción. Miedo. Tenía miedo. Era lindo, pero era muy grande, para ella, y no sabía como iba reaccionar.
—No le tengas miedo —escuchó como alguien le hablaba.
Giró para encontrarse con él. Le dedicó una tímida sonrisa y sus mejillas se enrojecieron. Siempre se enrojecía cuando él estaba cerca. Sentía aquel cosquilleo lindo en el estomago y sentía aquellas molestas ganas de tomarle la mano y no soltarlo. 
—¿Qué haces aquí? —le preguntó y se armó de valor para mirarlo. 
Su amiga, Cher, siempre le decía que un niño se da cuenta de que una niña gusta de él cuando esta no lo mira a los ojos. Tenía que mirarlo si o si.
—Te estaba buscando. Mañana te vas a la capital, y no sé cuando nos volveremos a ver —le dijo él.
Ella sintió que las cosquillas se hacían más seguidas y algo parecido a la angustia se coló entre sus emociones. Sabía que no iba a volver por mucho tiempo. Su padre había decidió enviarla a estudiar a Londres. Lo iba a extrañar tanto.
—No pienses en eso. Volveré —dijo dulce.
—¿Cuándo?
—No lo sé. Pero volveré.
—Mi madre dice que Lotres…
—Londres —lo corrigió esbozando una pequeña sonrisa.
—Lo que sea —continuó —Queda muy lejos… tomé prestado un mapa del señor Greg para cerciorarme. Y sí, queda muy lejos ¿Y si te pasa algo? ¿Y si me necesitas? —preguntó él con impaciencia.
—Habrá mucha gente para cuidarme, salvaje —dijo divertida. 
Él no pudo evitar sonreír, dejando ver sus dos paletas separadas. Salvaje, apodo que ella le había puesto un día que ambos jugaban en los matorrales del campo y él se había comportado tal y como ella lo había llamado.
—Sé que habrá mucha gente cuidándote —continuó. Se rascó la nariz y luego el mentón. Se sentía nervioso —Pero son gente desconocida…
—Mi amiga Cher está allá —comentó.
—Esa niña exasperante… —murmuró. Ella rió por lo bajo.
—Me gusta que utilices las palabras que te he enseñado —le dijo. 
—Odio esas palabras que me enseñaste —aseguró —En la escuela se ríen de mí por tu culpa…
—No conozco a tus compañeros de escuela. Nunca los has traído a la casa o me has hablado de ellos. ¿Por qué? —ella caminó un poco hacia un costado acercándose, inconcientemente, al caballo. 
—Porque son todos unos idiotas…
—¡Eso es una palabrota! —ella lo retó divertida.
—Solo saben pelearse y buscarme pelea. Porque saben que siempre les gano.
—Porque eres un salvaje.
—Exacto.
Ella comenzó a jugar con la punta de su vestido, apretándolo y arrugándolo en la palma de su mano. Las cosquillas de su estomago aun no se iban. 
—La señorita Dolores dice que ella podría enseñarte en casa como a mí…
—No, eso es para niñas.
Ella lo contempló en silencio por unos cuantos segundos. Tenía ganas de decirle muchas cosas. Sabía que dentro de un par de horas ya no se las podría decir. 
—¿Vas a extrañarme? —le preguntó ella. 
Volvió a caminar hacia el caballo, y entonces chocó con él. El inmenso animal chilló e hizo un relinche. Ella lo miró asustada, pero de pronto sintió una mano que tomaba la suya y la apartaba un poco de la fiera. 
—Es un potro salvaje, como yo —le dijo él. 
Ella giró la cabeza para observarlo. Ahora estaba a su lado y sostenía su mano. Al parecer no tenía ninguna intención de alejarse o soltarla. 
En eso Cher se había equivocado. Él no era como los demás niños… A él no le molestaba tomarla de la mano, tampoco que ella lo hiciera tomar el té o que le enseñara como hablar apropiadamente.
—No sé porque papá lo compró justo ahora que me voy —se lamentó.
—Lo hizo para que no le tomaras cariño y no te doliera tanto dejarlo… ¿Cómo quieres llamarlo?
—¿Es niño verdad? —inquirió.
—Macho… se dice macho.
—Lo que sea —dijo ella tratando de imitar la expresión de él cuando le decía así. Él rió quedamente —Quiero que se llame White. 
—¿Quieres tocarlo? —preguntó. 
Miró nerviosa al caballo y volvió la mirada a los ojos ambar que estaban frente a ella. 
—No lo sé… tengo miedo.
Él tomó con más firmeza la mano de ella, para acercarla con cuidado al caballo. 
—White —lo llamó él, por su nuevo nombre. El caballo levantó un poco la cabeza y los miró —Así es como te llamas ahora, potro.
Se acercaron más. El animal parecía tranquilo. Pero a ella no la convencía. Él estaba detrás de ella y todavía sostenía su mano. Estiró sus manos hasta que la de ella se apoyó primero en el hocico de White. El caballo se quedó quieto, recibiendo la caricia. Él hizo que ella moviera la mano un poco más. 
—¿Lo ves? Él no te hará daño. Sabe que eres su dueña —le dijo.
Lo miró a los ojos. Parecía ese príncipe del cuento que ella siempre leía. Un príncipe un poco particular, ya que siempre estaba jugando en el barro o con los animales. Pero era tan lindo. Lo iba a extrañar, de todo esto a él era al que más iba a extrañar.
—¿Lo vas a cuidar por mí? —le preguntó. Él se alejó para que ella continuara acariciando a su nuevo caballo por si sola. 
—Claro que si, cuando vuelvas no lo vas a reconocer de lo lindo que va a estar —dijo con una sonrisa. 
Ella sonrió y se alejó del caballo para acercarse a él. Vio que algo brillaba colgando en su pecho. Semisonrió. Hacía casi dos meses que él había cumplido los trece. 
—¿Aun tienes mi regalo? —le preguntó. Él asintió y lo buscó. Alzó a la vista una pequeña medallita de oro. Ella la tomó para mirarla —Siempre la vas a cuidar, ¿verdad?
—Siempre voy a cuidarla. Siempre voy a cuidar todo lo que tenga que ver contigo. Porque… porque… —dejó de hablar.
—¿Por qué? —quiso saber ella.
Él sintió aquel tonto cosquilleo en la boca del estomago. Parecía que se acababa de comer un enjambre de mariposas.
—Porque yo te quiero, enana —se animó a decir al fin.
Ella sintió una felicidad que nunca había sentido. 
Él sacó algo del bolsillo de su pantalón y se lo tendió. Ella lo tomó apresuradamente y sin dudarlo abrió la pequeña cajita. Sus ojos no podían creer que lo que estaban viendo.
—¿Lo compraste? —dijo anonadada. 
—Si —asintió él tímidamente —Dijiste que te gustaba cuando fuimos la última vez al pueblo. Y estuve ahorrando desde entonces para comprártelo.
—¿Por eso estabas haciéndole mandados al señor de la panadería?
Él solo asintió. Ella sacó el pequeño anillo que tenía una piedrita violeta en el medio y se lo puso. Sintió un nuevo dolor… nunca lo había sentido. Iba a extrañarlo tanto. Lo miró fijo a los ojos.
—Yo también te quiero, salvaje —le dijo dulce.
Con cuidado se acercó a él, se puso en puntas de pie y apoyó sus labios sobre los suyos. Ambos cerraron los ojos, compartiendo así su primer beso.

CAPITULO # 1.-*
¿Cómo podía ser posible que se le perdiera aquella cadenita? ¿Cómo? Él no era descuidado, jamás lo había sido. Y ahora no la encontraba por ningún lado. No quería perder aquel recuerdo de los mejores años de su vida. Siendo un niño él había sido muy feliz… Ahora también lo era, pero desgraciadamente nunca iba a ser igual. 
Se maldijo a si mismo… ¿Dónde podría haberla dejado? Ya la había buscado en todos lados: la caballeriza, su cuarto, el baño, el gallinero, la cocina, la casa grande…
Se detuvo a pensar un poco. Quizás la había dejado en la casa de Felicity. Aunque a decir verdad hacía como una semana que no iba a ver a su novia y la cadenita la había perdido ayer. Soltó un suspiro. Y se sentó con cuidado en una de las sillas de la cocina. 
—¿Buscabas esto? —preguntó ella. 
Al instante él levantó la vista y se puso de pie. Casi corrió hacia donde estaba su madre con la mano levantada y mostrándole lo que había estado buscando desde hacía tantas horas. 
—¿Dónde estaba? —quiso saber mientras se la quitaba de la mano.
—La dejaste tirada cerca del horno anoche, después de que lo arreglaste.
—No la dejé tirada. Seguramente se me cayó…
Se la volvió a poner, y se sintió aliviado. Sus bonitos recuerdos ahora estaban de nuevo con él. 
Tom Kaulitz era un hombre de campo. Había nacido allí, se había criado allí y pensaba morir allí. Él no se consideraba una persona mala, y estaba muy orgulloso de lo que había logrado en todos esos año en los campos Brooks. Siendo muy joven (con apenas 15 años) su jefe lo había nombrado encargado del lugar, cuando había decidido irse a vivir a la cuidad. Y desde entonces Tom había llevado adelante los asuntos de aquella conocida estancia. Pero a pesar de dejarle toda la responsabilidad, Jhon Brooks iba a verlos todos los años en las vacaciones de verano. Se quedaba allí unos dos meses y luego volvía a su agitada vida de negocios. Tom siempre se preguntaba como era que ese hombre no se había vuelto loco viviendo en la cuidad, siendo que él también había nacido y criado en aquel campo. Pero lo sabía, Jhon era un gran hombre que se adaptaba a cualquier situación de cambio. Y Tom lo admirada… lo admiraba y lo quería como a un padre. Por eso mismo cada vez que el jefe llegaba todo el mundo estaba como loco arreglando y preparando todo.
—Es como la decimaquinta vez que pierdes ese colgante, Tom —lo retó ella pero sin retarlo del todo. Le besó la frente y se acercó a las hornillas para revisar la comida que estaba preparando. La cena siempre comenzaba a prepararse antes del atardecer.
—No es a propósito —aseguró él —Al parecer no le gusta estar en mi cuello.
Simone sonrió y lo miró de manera tierna. 
—¿Ya está todo listo? Mira que hoy llega el señor Brooks.
—Si, todo está listo.
—Más te vale, Tom…
—Mamá… bien sabes que me gusta que el jefe venga a encontrar todo en orden y en perfecto estado.
—Si, lo sé. Pero solo te pregunto para que estés completamente seguro. No quiero que nada salga mal. Jhon… —sacudió la cabeza —Digo, el señor Brooks se merece lo mejor.
Tom puso los ojos en blanco. Si había alguien que se ponía quisquillosa con la llegada del jefe en aquel lugar, esa era su madre. Todos los peones huían de ella despavoridos. Se ponía insoportable, histérica y sobre todo intratable. Tom creía saber la razón de sus nervios. Aunque ella jamás llegara a admitirlo, él sabía que su madre sentía algo especial por ese hombre. Y cuando volvía al campo, ella parecía perder los estribos. Los únicos que podían con ella en días así eran Georg y él. 
Georg Listing era más que un primo para Tom. Era como su hermano menor. El castaño se había mudado a vivir con ellos cuando su padre (el tío Roger) había muerto en un accidente de campo. Tom y Simone eran la única familia que le quedaba. 
Listing entró a la cocina y se detuvo a mirarlos. Tom le sonrió y se puso de pie. Pero dejó de sonreír al ver la cara de preocupación y frustración que tenía su primo.
—¿Qué sucedió? —le preguntó al instante.
—White —murmuró el castaño simplemente.
Tom resopló. ¿Otra vez aquel caballo? ¿Cuándo iba a ser el día en que el corcel blanco no le diera dolores de cabeza?
—¿Qué hizo ahora? —quiso saber.
—Le ha dado un buen susto al pobre de Pedro, casi lo golpea. Luego rompió su bozal, rompió un par de mecheras en las caballerizas, salió hecho una fiera, saltó la cerca y se metió por el bosque. 
Tom cerró los ojos y se masajeó el puente de la nariz. Ese caballo no cambiaba más. No había forma de que lo adiestrara. El muy cabeza dura jamás se terminaba de comportar. Solo le gustaba ser un caballo salvaje. Pero ¿Quién podría culparlo de ser así? Nadie.
El pelinegro se había encargado de criarlo… y jamás le había puesto verdaderamente los límites. Además de que se parecían demasiado. Podría decirse que hasta White estaba mimetizado con Tom. Por ejemplo: cuando él estaba enfermo, White también parecía estarlo. Cuando se sentía enojado, el caballo también. Cuando estaba contento, también él. Cuando se sentía atrapado, frustrado por el trabajo y quería salir corriendo y dejar todo en manos de alguien más… White hacía destrozos y huía al medio del bosque.
Al parecer hoy el caballo también se había mimetizado con él… aquello que White había hecho era lo mismo que Tom quería hacer. Huir. 
Y no sabía exactamente por qué. La mayoría de las veces cuando su jefe venía al campo, él estaba contento. Pero hoy no era así. Hoy se sentía extraño. Algo le decía que pronto se sentiría más extraño aun. 
Giró para mirar a Simone y le entregó una sonrisa galante. Ella casi siempre se quedaba tranquila cuando él le sonreía así.
—¿Te dije que llamó, Felicity? —le preguntó. Tom frunció el ceño.
—No, no me lo habías dicho —resopló —¿Qué te dijo?
—Que está enojada contigo porque no le devuelves las llamadas y ya no la vas a ver…
—¿Le dijiste que estoy muy ocupado? —inquirió mientras se acercaba a donde estaba parado Georg y le hacía una seña de que comenzara a caminar.
—Si, se lo dije… pero dice que como ella es tu novia tendría que ser tu prioridad. 
Tom soltó un lento suspiro. A veces Felicity era demasiado ‘inmadura’. Y él sentía que necesitaba un respiro.
—A la noche iré a verla… si vuelve a llamar dile eso.
Su madre asintió y ellos dos salieron de la casa. 
—Tú no estás realmente enamorado de Felicity —habló Georg mientras ambos caminaban hacia la caballeriza. Tom iría a buscar a White.
—¿Por qué lo dices? —preguntó extrañado.
—Porque si la amaras realmente… le harías un espacio aunque te estuvieras muriendo. Solo estás con ella por costumbre. Y créeme cuando te digo que eso no es amor.
—¿Y tú que sabes del amor? —inquirió divertido el pelinegro. 
—Yo estoy enamorado. Solo que soy un maldito cobarde y no me animo a decírselo. 
—¿Y por qué no te animas, tonto?
—Tom, es la hija de un acensado. ¿Acaso no has visto como terminan ese tipo de romances? Si ella llegara a tener algo con un simple peón como yo, su familia sería capaz de darle la espalda y dejarla en la calle… en este caso en medio del campo. 
Tom esbozó una pequeña sonrisa y despeinó un poco el cabello del castaño. Georg apenas tenía 19 años y ya sufría de aquella manera tan pasional.
— Lola no es de esas que menosprecian a los peones. Es más,… tú también le gustas.
Georg dejó de caminar. Tom lo miró realmente divertido.
—¿Cómo sabes que le gusto? —preguntó atónito. 
—Me lo dijo un pajarito —se hizo el misterioso. 
Le encantaba poner nervioso a Georg. Principalmente cuando se trataba de la pequeña Lola. Con apenas 17 años, aquella niña rompía más de un corazón por aquellos lados.
Y Georg no era la excepción. 
Georg casi corrió detrás de Tom y lo llenó de preguntas, intentando sacar alguna información que le dijera como sabía que Lola también sentía algo por él. 
Pero Tom no soltó nada. Aunque a decir verdad no sabía mucho. Pero no hacía falta saberlo. A Lola se le notaba a leguas el amor por Georg. Y viceversa. Solo tenían miedo. Miedo de las reacciones de los demás. Miedo de la desaprobación, siendo que amar a alguien no es nada malo. 
El castaño soltó un suspiro. A veces él mismo se preguntaba como era amar realmente a alguien. Felicity era su novia desde los 17 y jamás sintió las tontas cosquillas en la panza, la tonta sensación de no querer dejar de verla nunca. ¿Sería eso normal? Él no lo sabía.
Distinto había sido cuando era un niño y había sentido algo por una niña que le rompió el corazón el día en que se fue y no volvió jamás… todavía le dolía. Frunció el ceño. ¿Cómo podía dolerle algo tan… tonto? Era un niño. ¡Los niños no saben nada de amor! 
Llegaron al establo. La mayoría de los peones estaban allí arreglando los líos que había hecho el caballo blanco y discutiendo de las nuevas medidas que tendrían que tomar para controlarlo. Pero al instante en que vieron a Tom guardaron silencio. Para ser uno de los peones más joven, después de Georg, a Tom le tenían mucho respeto. No solo por ser el encargado de todo, sino que se lo había ganado con el correr de los años.
Habiendo nacido y criado en aquellos campos, nadie conocía ese lugar tanto como él. Tal vez otro que todavía tenía más antigüedad que el castaño en esos lados era el viejo Pedro. Pero Pedro era más una especie de abuelo para todos que una autoridad.
—Voy a ir a buscar a White —habló a Tom —Prepárenme a Helios, ¿si?
Al instante se pusieron en marcha. Tom se acercó al anciano de cabellos blancos. 
—Gran susto me dio el potrillo —dijo Pedro. Tom apoyó una de sus manos sobre su hombro.
—No estás herido, ¿verdad? —quiso saber.
—Nonono, no me ha hecho nada. Solo hizo una de sus típicas pataletas. Al parecer hoy no está de humor. 
—Tampoco yo —aseguró el pelinegro. *Terminaron de preparar a Helios. Era uno de los pocos caballos pura sangre que quedaban en el campo. Por ende, era uno de los mejores. Claro que no superaba ni por asomo a White. Y Tom se sentía orgulloso de eso. 
—¿Quieres que te acompañe? —le preguntó Georg mientras él se subía al caballo. Tom se acomodó y luego miró a su primo. 
—No, gracias. Necesito que te quedes a supervisar como van con el marcado de las vacas. He escuchado que andan robando las vacas que no tienen marca. No quiero más perdidas.
—Está bien —murmuró Listing —Ve con cuidado por favor. Deberías llevar tu arma por si acaso. Dijeron que hay varios pumas por la zona. 
—Tranquilo, Listing —dijo divertido—Estaré bien.
—Yo no estoy preocupado por ti, pelmazo —aseguró —Solo me preocupa que te suceda algo y luego sea yo el que tenga que soportar a la tía Simone.
Tom soltó una estrepitosa carcajada y salió rápidamente del establo. A veces Georg tenía cada ocurrencia y lo hacía sentirse un poco mejor. El buen sentido de su primo lo sacaba de su apestoso mal humor. Helios comenzó a adentrarse en el bosque. Tom estaba siguiendo el camino que los demás peones le habían indicado. Pero en realidad no tenía ni la menor idea de en dónde podía ser que White estaba. Comenzó a aminorar la marcha cuando el sonido de una cascada llegó a sus oídos. Y entonces recordó que por allí estaba el pequeño arroyo… hacía tanto que no iba a ese lugar. 
Detuvo a Helios y se bajó con cuidado. Sin hacer ruido caminó hasta asomarse y observar la pequeña porción de paraíso que allí había. La cascada caía con fuerza, llenando el lugar del ruido más bonito del mundo. Y entonces lo vio. Allí estaba el gran caballo blanco tomando agua. Decidió hacerse ver… White casi nunca huía de él.
—Eeey, compañero —lo llamó. El caballo se volteó a verlo y resopló —¿Qué significa eso? Más respeto con tu cuidador… —volvió a rechinar y meneó la cabeza. Tom sonrió y se acercó con cuidado —¿Qué te pasa hoy? ¿Por qué hiciste todos esos líos? ¿Acaso era necesario? —White dio unos pasos hacia atrás —Oye, oye… no te alejes de mí. Solo quiero que vayamos para la estancia. Tengo tantas cosas que hacer, White..
Y de repente Tom vio aquella pequeña casita detrás del caballo. Se quedó quieto y sin poder evitarlo corrió hacia allí ¡Por dios! ¿Cómo pudo él haberse olvidado de que aquel lugar existía?
Se detuvo frente a la puerta. El lugar se veía viejo, abandonado… y su cabeza se llenó de recuerdos de su niñez. Realmente todo era más fácil cuando era niño. Intentó abrir la puerta pero al parecer estaba trabada. Y miró a White. El caballo lo miraba fijamente, como si quisiera decirle algo. Tom frunció el ceño y bajó la mirada hacia el final de la puerta. Se agachó y limpió un poco el polvo…
-Salvaje, esto no es correcto. Yo no debería tallar puertas, pero creo que solo por hoy es necesario. Mañana me voy y quiero que cuando te sientas triste y no tengas con quien hablar vengas aquí… a nuestro lugar secreto y pienses en mí… yo siempre pensaré en ti. Jamás, jamás, jamás, jamás voy a olvidarme de ti y de tus ojos. Eres el príncipe de toda princesa, suerte tengo de tenerte. Me gustaría escribirte más pero se me está cansando la mano y tú me estás haciendo tontas preguntas y no me dejas terminar tranquila…
Te amo, Tom.
Por siempre y para siempre, ____.

Así terminaba aquella extraña nota que él jamás había leído… hasta ahora.

Capitulo 2:

Ser una adulta no le molestaba para nada. Le molestaba no saber como resolver algunas situaciones. Cuando era una niña no tenía problemas, no tenía responsabilidades, no tenía miedos. Ahora si… ahora todo eso pesaba sobre ella. 
Respiró profundamente y miró por la ventana del coche. El sol comenzaba a ponerse en el horizonte y a ella un escalofrío le bajó por la espalda. No podía creer que después de tanto tiempo estaba volviendo a aquel campo. Por poco y se había olvidado de que ese lugar existía. Siendo una niña había sido muy feliz allí. 
—Sweetheart, ¿Se puede saber por qué me trajiste a este lugar? —le preguntó él, sacándola de sus pensamientos. Se giró a verlo y sonrió.
—Vamos Matt, me dijiste que no te quejarías —le dijo ella.
—Sabes que te adoro, eres mi mejor amiga en todo el world. Tú fuiste la única que siempre me ayudó a enfrentar mis miedos y bla bla bla bla. Pero esto,… esto es demasiado. Yo no podré soportar vacas, caballos, cerdos, gallinas. ¡Oh dios santísimo, mosquitos! —dijo nervioso pensando en aquello. Ella rió divertida. 
—Ya lo verás, el campo te encantara. No solo porque es tranquilo, sino que además hay muchos peones —le dijo y le guiño un ojo.
—Eres una manipuladora horrible —dijo y se cruzó de brazos como si estuviera un poco ofendido. 
Matt Donovan era su mejor amigo desde que ella se había ido del lugar en el que se había criado. Y desde entonces siempre habían estado juntos. Enfrentando cambios, peleas, decisiones. Más bien… él era como una hermana. 
Se acercó un poco a su amigo y lo abrazó de costado. Sabía que él iba a quejarse, pero que al final iba a terminar amando el lugar. 
—Te prometo que la vamos a pasar bien… serán solo un par de semanas. 
—No lo sé —dijo con tono indiferente —Estoy pensando seriamente en pedirle a Charlie que me lleve de nuevo al aeropuerto. 
—¿Serías capaz de abandonar a tu mejor amiga? —preguntó haciendo un leve puchero.
Matt la miró fijo y luego maldijo por lo bajo.
—Odio cuando me haces esas caras —exclamó —Siempre terminas ganándome. 
Ella sonrió y luego besó su mejilla. Se alejó de él y giró para mirar a su padre. Jhon estaba concentrado leyendo. Ella se fijó en las expresiones de su rostro. Sonrió tiernamente al ver la concentración que él estaba manejando. 
—Papá —lo llamó.
—¿Si, cariño? —le preguntó sin dejar de leer el diario. 
—¿Cuánto tiempo nos quedaremos aquí? —quiso saber. 
Por fin Jhon levantó la vista hacia ella. Su única hija lo era todo para él. _______ era la luz de sus ojos, un bello recuerdo de su madre. 
—Tres meses —contestó Jhon.
—¡¿Tres meses?! —chilló Matt —¿Acaso has perdido el juicio, Jhoni? 
—No, solo que por lo menos yo me quedaré todo ese tiempo. Es más… estoy pensando seriamente en quedarme a vivir aquí.
La boca se ______ se abrió por la sorpresa. Seguramente su padre estaba bromeando con ella. él no podía quedarse allí. No podía dejar la empresa en la cuidad, no podía dejarla a ella sola en la cuidad. 
—Dime que es una broma —le pidió ella. Jhon soltó un suspiro y luego se sacó los anteojos de lectura.
—No, amor, no es una broma. Quiero quedarme a vivir en mi campo.
—Pero… papá… no puedes estar hablando en serio. Tienes negocios que atender… ¡no puedes dejarme sola!
—No voy a dejarte sola, amor —dijo tiernamente y miró por la ventana —Recuerda que Ashton está contigo…
Matt resopló y volvió a cruzarse de brazos.
—No puedes estar hablando de dejar a tu hija con ese pedazo de imbécil —dijo Matt. _____ lo miró algo enojada —¡No me mires así, niña! —la retó —Tengo toda la razón del mundo al decir que es un imbécil. El rey de los imbéciles. 
—Basta, Matt —le advirtió.
—Jhon… tú y yo sabemos perfectamente que ese idiota no quiere realmente a _____.
Jhon se encogió de hombros.
—Yo no puedo decirle a ______ a quien debe amar.
—¡Pues deberías! —aseguró —Ese tarado solo sabe hacerla llorar… ¡la engaña!
—¡Matthew Donovan, basta ya! —dijo enojada —No quiero seguir escuchándote hablar de Ashton. Déjalo ya.
—Eres tan tonta, ______… tan tonta —dijo él entre dientes —Dime una cosa… ¿Por qué el muy idiota no quiso venir con nosotros?
—Tenía cosas que hacer —respondió _______ al instante.
—¿Cosas como qué? —inquirió él.
—Trabajo —dijo ella simplemente.
—Oh, vamos. No eres una idiota, ¿o si? Sabes perfectamente que él no se quedó a trabajar precisamente… —los ojos de _______ comenzaron a llenarse de lágrimas.
—Matt —le advirtió Jhon —Déjala ya… no podemos hacer nada si ella lo ama. Es su decisión. Como también es mi decisión quedarme a vivir aquí.
 ______ no volvió a hablar. Su mirada estaba fija en la ventana… observando la inmensidad en color verde. A lo lejos se podían ver varios árboles, más verde, algunos animales y más árboles.
A veces sentía que Matt la odiaba… pero al final terminaba comprendiendo que su mejor amigo solo quería protegerla. Pero estaba segura que aquella no era la forma. Él sabía que ella quería a Ashton. Y no entendía por qué él no lo aceptaba de una vez.
—Estamos ingresando, señor —habló Charlie desde adelante. 
______ se acercó más a la ventana y la estancia comenzó a asomarse a sus ojos. Su corazón latió rápido. Su niñez estaba guardada en aquel lugar. Divisó un par de caballos y varios hombres que se giraban a ver la camioneta. 
El auto se detuvo. ______ sonrió emocionada y sin dudarlo se bajó. Sus pies tocaron el firme suelo de mármol de la entrada de la mansión. Miró algo embobada aquella casa. No recordaba que fuera tan grande. El aire fresco golpeó su rostro. Respiró profundamente mientras cerraba los ojos. ¿Cuándo había sido la última vez que había respirado tan bien? No lo recordaba. Su padre y Matt se bajaron detrás de ella. Jhon sonrió y respiró profundamente.
—Hogar dulce hogar —dijo en un susurró —Charlie, mete todas las cosas en la casa y luego puedes tomarte el día.
—Gracias, señor —dijo el chofer y se dispuso a bajar todas las valijas. 
Jhon se acercó a la puerta y entró. _______ se quedó quieta en su lugar. No sabía muy bien que hacer. Se sentía algo perdida. Le daba la sensación de que no iba a conocer nada de lo que había dentro. Sintió que una mano tomaba la suya.
Levantó la cabeza y lo miró. Matt tenía aquella mirada de niño arrepentido en el rostro. Y sin poder evitarlo una sonrisa se le escapó de los labios. Jamás podía estar mucho tiempo enojada con él. 
—Te perdono, Mattie —le dijo. Él sonrió aliviado.
—Yo también te perdono a ti —dijo. Ella lo miró divertida.
—Yo no te pedí perdón —aseguró.
—Pues deberías.
_____ rió y sin soltar la mano de su mejor amigo ingresaron a la casa. Ambos se detuvieron para contemplar todo. La boca de _______ casi tocó el piso al observar todo aquello. Realmente estaba completamente distinto a como ella lo recordaba. 
—Papá… —dijo en un susurro. Jhon se giró a verla.
—¿Qué, mi amor? —le preguntó él.
—Esto está tan… distinto —estaba asombrada. 
—Lo sé,… Simone se ha encargado de hacer que este lugar luciera cada vez mejor con el correr de los años…
—¿Quién? —preguntó Matt intrigado.
Entonces una de las puertas se abrió y una mujer de cabellos claros entró a la sala. Se detuvo al verlos. Primero miró a Jhon y luego su mirada se dirigió a ______ y Matt. Su rostro cambió radicalmente al ver a _____ .
—¿Niña ______? —murmuró.
_____ pestañeó seguidamente al sentirse algo… tonta. Pero recordó perfectamente a aquella mujer. ¿Cómo podía olvidarla? Ella le había hecho la mejor casa de muñecas de la historia.
—Simone —sonrió al fin luego de unos segundos.
La mujer se llevó una mano a la boca para sofocar un sollozo y luego se acercó a ella para abrazarla.
Algo confundida ______ le devolvió el gesto. La mujer parecía verdaderamente emocionada de verla. ______ se sintió algo tonta. 
—No puedo creer que seas tú, mi niña —le dijo y luego se alejó para observarla a la cara. Le acarició el cabello —Estás tan hermosa…
______ sonrió algo tímida y luego miró a su padre. Jhon tenía una gran sonrisa en el rostro.
—Tú también estás hermosa, Simone —le aseguró —No has cambiado nada.
Alguien acomodó la garganta.
—Te estás olvidando de presentarme, Sweetness —le reprochó Matt.
—Lo lamento —dijo divertida y soltó a la mujer —Simone, él es mi mejor amigo… Matt Donovan. Mattie, ella es Simone… la mejor creadora de casa de muñecas del mundo.
Simone rió divertida y le tendió la mano a Matt.
—Mucho gusto.
—Anne, si tú eres la que ha estado manteniendo este lugar de esta forma… déjame decirte que eres excelente decorando. ¡Me encanta!
—Muchas gracias, muchacho.
—Solo dime Matt, Mattie o… como te guste.
Simone asintió y luego se giró a mirar a Jhon. Su corazón latió rápido. Siempre que lo veía se sentía como una tonta niña de 15 años. 
—No me avisó que llegaba con la niña, señor —le habló luego de unos cuantos segundos. 
Jhon esbozó una suave sonrisa y se acercó a ella para tomar su mano y besarle el dorso. El corazón de Simone latió más rápido aun.
—Quería darte una sorpresa —le dijo y luego soltó su mano.
_______ miró cómplice a Matt.
Este último le guiñó un ojo mientras asentía con la cabeza. _______ acomodó la garganta. Algo exaltada Simone la miró.
—¿Qué les parece si les muestro sus habitaciones? —preguntó algo nerviosa —Solo falta ponerles sábanas a las camas y listo…
—Me parece bien —dijo _____.
—Si —asintió Matt —Muero muerto por darme un baño y descansar. El viaje fue agotador. 
—Me imagino que si —dijo Simone divertida.
—Mientras ustedes se acomodan yo voy a ir a mi despacho a hacer unas llamadas y a hablar con los muchachos…
Jhon le guiñó un ojo a Simone y desapareció por una de las puertas. Al instante la mujer se puso roja como un tomate. ______ la miró divertida. 
—¿Qué sucede entre tú y papá, Simone? —preguntó _____. Simone la miró como espantada y luego sacudió la cabeza.
—Nada, mi niña, nada —dijo rápidamente.
—Simone, querida, —habló Matt y luego se acercó un poco para hablarle más bajo —No somos tontos… nos dimos cuenta de que ustedes dos se gustan.
—¡Dios me libre y me guarde! —exclamó ella escandalizada mientras comenzaba a subir las escaleras —Yo soy solo el ama de llaves de este lugar… y llevo muchos años trabajando aquí. El señor Jhon y yo solo tenemos un mutuo respeto.
—¿Sabes cuando fue la última vez que vi a mi padre besar la mano de una mujer? —le preguntó _____. Simone negó con la cabeza —Nunca…
—Ya basta, muchachos —dijo tan roja como un tomate. Se giró a ver al chofer que luchaba con las valijas —¿Necesitas ayuda, Charlie?
—No, Simone, muchas gracias —dijo él.
Siguieron subiendo hasta llegar al primer piso. Matt miraba realmente asombrado todo. Jamás pensó que ese lugar sería tan hermoso. 
______ sentía una tonta emoción. Acababa de subir por las escaleras por las que había bajado corriendo más de un millón de veces. Estaba caminando por el pasillo por el que había bailado un millón de veces. Entonces se detuvieron frente a una puerta. 
Sin dudarlo dos veces ______ abrió la puerta y entró a lo que había sido su antigua habitación. Estaba casi como ella recordaba. Solo que ahora había una cama más grande y ya no era rosa. Y sintió nostalgia… pensar que ella casi había olvidado todo eso. 
¿Por qué había veces que las personas olvidaban lo importante de la vida? ¿Por qué al crecer… se dejaba de lado aquella hermosa niñez? ¿Por qué se le llamaba infantil a los sentimientos bonitos y confusos? Se acercó hasta la nueva cama. Se sentó con cuidado y luego miró a Simone y Matt. Estos dos la observaban confundidos. _______ soltó un suspiro y luego se dejó caer boca arriba en la cama. Su mirada quedó fija en el techo… techo que seguía teniendo las mismas nubes pintadas de siempre. Sonrió. 
—¿Qué te pasa, Darling? —preguntó Matt.
—Nada… —ella sonrió aun más —Solo que me estoy sintiendo… muy en casa.

Capitulo 3:

Tom detuvo a Helios y a White mientras veía a todos los peones algo alborotados. Le había costado un poco volver ya que White se había puesto algo rebelde. Pero al final lo había conseguido. Pero sobre todo había tardo por quedarse sentado leyendo una y otra vez aquella nota. Él no había vuelto a ese lugar luego de que ella se marchó… y así fue que se olvidó completamente de aquel último día que habían pasado juntos. Se le llenó el corazón de una extraña amargura… era raro. Haber leído eso 10 años después, era muy raro. Soltó un suspiro, no comprendía por qué le dolía. Antes era solo un niño.
Uno de ellos lo vio y le avisó a Georg. Al instante el castaño corrió hacia él. Extrañado, Tom, se bajó del caballo.
—¿Qué pasó? —le preguntó a su primo cuando este llegó a su lado. 
—Llegó el jefe —dijo algo agitado. 
Tom alzó ambas cejas. No esperaba que Jhon llegara tan temprano. Casi siempre lo hacía por la noche. Llamó a uno de sus compañeros y le pidió que guardara a los caballos. Se acercó a White antes de que se alejara.
—No más líos por hoy, ¿entendido? —le dijo. El caballo meneó la cabeza. Tom sonrió y palmeó su lomo antes de que se lo llevaran. 
Comenzó a caminar hacia la casa. Georg se apresuró a seguirlo. 
—Espera —le dijo. Tom siguió caminando.
—¿Por qué están tan alterados todos? —preguntó Tom y lo miró de costado —Es solo el jefe. No es la primera vez que viene…
—No es por eso —consiguió decir Listing mientras intentaba ir a la misma velocidad que su primo —No llegó solo…
Está vez Tom se detuvo y lo miró con el ceño fruncido.
—¿No llegó solo? —inquirió. 
—No,… llegó con una chica y un chico. Parecían una pareja o algo así. Entraron con él a la casa grande. Algunos de los muchachos dicen que… que deben ser compradores.
El corazón de Tom se detuvo. Eso no podía ser cierto. Seguro que no lo era. 
Si se había rumoreado que Jhon Brooks tenía ganas de vender el campo. Pero hasta el momento Tom no lo había creído porque simplemente su jefe jamás le había mencionado nada. Pero de repente se sintió intranquilo. Aquel campo lo era todo para Tom y no se veía en otro lugar que no fuera ese. 
—Voy a ir a hablar con él —le dijo y comenzó a correr hacia la casa. 
Si Jhon tenía pensado vender el campo, Tom haría lo imposible para evitarlo. Incluso sería capaz de comprárselo él mismo. No por nada había ahorrado casi toda su vida. Se veía capaz de comprar aquellas tierras. O por lo menos una porción. 
Entró a la casa por el lado de atrás, como siempre. Al primer lugar al que entraba era a la cocina. Su madre se sobresaltó un poco y giró para mirarlo.
—¿Qué te pasó? —le preguntó preocupada.
—¿Dónde está el señor Brooks? —dijo al instante.
—En su despacho —respondió ella extrañada.
—Bien —musitó Tom y comenzó a caminar para salir de allí.
—Tom, hijo… espera —ella lo siguió pero al parecer Tom no la escuchaba —¡El señor no vino solo!
Se quedó quieta en su lugar ya que al parecer él no la había escuchado. Soltando un suspiro volvió a la cocina. Aun no podía creer que ella estuviese allí de nuevo. Casi sonrió. Tom tampoco iba a creerlo cuando se enterara. Ella había sido tan importante para él cuando era un niño. ¿La recordaría? Estaba segura de que si. Volvió a concentrarse en la comida. Más tarde iba a ver la reacción de Tom hacia la llegada de _______.
Tom se detuvo frente a la puerta del despacho de su jefe. Tomó una gran cantidad de aire y luego golpeó.
—¡Adelante! —dijo él. El pelinegro abrió y se asomó —¡Tom! —exclamó contento y se puso de pie para acercarse. Él entró del todo. Jhon lo abrazó paternalmente y Kaulitz le devolvió el gesto —¿Cómo ha estado mi mejor muchacho?
Esbozó una pequeña sonrisa.
—Bien, señor ¿Usted? —le preguntó.
—Yo estoy muy bien —aseguró y volvió a sentarse detrás de su escritorio. Le hizo una seña a Tom para que se sentara también —¿Cómo ha estado todo por aquí?
Tom se sentó algo inseguro. Había esperado llegar y encontrar a aquellas dos personas hablando con Jhon, pero estaba solo. Quizás no había nada de que preocuparse. 
—Todo ha estado muy bien. Los muchachos y yo hemos estado trabajando muy duro con el tema de la marca de ganado… ya sabe, hay varios problemas con los ladrones por aquí. Y… hemos terminado de levantar la valla entre las propiedades de los Montoya y aquí.
—Si, he hablado con Robert y dijo que estaba muy contento con el trabajo. Creo que sobre todo porque ahora podrá tener más controlada a Lola.
Tom sonrió y asintió. Si había algo que Robert Montoya odiaba era que su hija menor saliera huyendo de casa solo para acercarse a ver a Georg. Por eso mismo fue que se había puesto en contacto con Jhon y habían hecho el acuerdo de levantar la valla. Pero lo que el señor Montoya no sabía era que Lola se iba a escapar igual. 
—Espero que ahora se quede más tranquilo —dijo Tom.
—Lo dudo mucho —rió Jhon. 
Al parecer todo estaba tranquilo. Tom no notaba nerviosismo, ni nada por el estilo en su jefe. Así que estaba descartando completamente el tema de que Brooks quería vender aquel campo. Quizás era una buena idea que se lo preguntara. 
—Señor…
—¿Si, hijo? —preguntó mientras lo miraba con ambas cejas levantadas.
—Usted… ¿va a vender el campo?
Jhon frunció el ceño y luego lo miró fijo por unos cuantos segundos. 
—No —dijo al fin. Tom sintió un gran alivio —¿De dónde sacaste eso?
—En realidad es un rumor —le contó —Se ha estado diciendo que usted quiere vender el campo para irse definitivamente a la cuidad.
—Eso es una locura —aseguró Jhon —Jamás vendería este lugar. Es más… tengo pensando quedarme a vivir aquí.
Los ojos de Tom se abrieron sin poder creerlo, y luego una tonta sonrisa se dibujó en su rostro.
—¿En serio? —inquirió sorprendido.
—Jamás bromeo con esas cosas, Tom.
—Lo sé, lo sé…
—Lo que me extraña es que hayas siquiera pensado que yo podía vender este lugar. ¿Por qué?
—Es que me dejé llevar —le quitó importancia —Además de que los muchachos lo vieron llegar con una… pareja o algo así. Pensaron que eran compradores. 
—Ooooh, no, no, no. No son compradores —dijo divertido —Son solo Matt y mi…
La puerta del despacho se abrió y una agitada Simone entró rápidamente. Ambos hombre se levantaron exaltados.
—¿Qué pasó, mamá? —le preguntó Tom.
—Hirieron… hirieron a tu primo —dijo agitada. 
—Mierrrda —murmuró Tom y salió rápidamente de allí. 
Era increíble ver como en el campo todo se iba al carajo en menos de dos segundos. En un momento estaba todo tranquilo, pero al darte la vuelta y volver a mirar, todo era un desastre. Y que en ese momento el involucrado en los pleitos haya sido Georg lo ponía realmente de mal humor. A veces su primo no sabía mantenerse al margen. Le gustaban los problemas. 
Salió de la casa con los pasos de Simone y Jhon detrás. Su madre hablaba efusivamente, mientras era contenida por el señor Brooks. Llegaron a las caballerizas. Todos los peones se giraron a verlo cuando entró. Divisó sentado sobre un barril a Georg con una venda rodeándole el brazo. El castaño miró con un poco de temor a su primo.
—Te juro que no quise que esto pasara —le dijo antes de que Tom pudiera hablar.
—¿Qué pasó? —preguntó y se acercó más a él para revisarle la herida. Le quitó la venda y revisó los daños. 
—Al parecer la bala solo lo rozó —dijo Pedro —Pero estuvo cerca… muy cerca.
—Quiero saber que demonios pasó —gruñó Tom. Todos se quedaron callados —¡Es que nadie va a decirme nada!
—Fueron los Montoya —habló uno de ellos al fin. Georg lo miró asesinamente —Federico y Alejandro fueron los que le dispararon a Georg…
Tom se masajeó las sienes. Ya estaba realmente harto de que los hermanos de Lola intentaran asesinar a su primo. Estaba jodidamente cansado.
—Ya me tienen harto —dijo Tom luego de unos segundos. Miró a Georg —No vas a acercarte más a sus propiedades, ¿entendiste? 
—Pero… pero, pero, pero…
—Pero nada, Georg. No te quiero ni a dos metros de sus tierras. No hasta que arregle cuentas con ese par de…
—Tranquilo, hijo —habló Jhon mientras ingresaba con Simone. La mujer sofocó un sollozo y se acercó rápidamente a su sobrino. Le besó la frente, le acarició el rostro.
—Ya, tía —dijo Georg algo avergonzado. Tom miró fijo a su jefe.
—Yo mismo voy a encargarme de hablar con ellos. Montoya me debe varias cosas —aseguró Jhon.

HOLA!!! ESTA ES LA NUEVA NOVE .. 3 O MAS Y AGREGO PRONTO ... BIENVENIDAS DE NUEVO Y GRACIAS POR SEGUIRME :))

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